Miércoles 12 DE Diciembre DE 2018
Opinión

En seis semanas se apaga la vela

En el primer semestre de 2019 todavía veremos cierta dinámica del gobierno, no así del presidente.

— Renzo Lautaro Rosal
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Quedan cerca de cuarenta días para la convocatoria a las Elecciones Generales. Ese es el mismo período que le resta al mandato de Jimmy Morales. Indistintamente que legalmente su período finalice en enero de 2020, la luz de su despacho, que ha sido mortecina a lo largo de estos tres años de supuesto gobierno, se apagará casi en su totalidad para el último año.ç

Su margen de maniobra será cercano a cero, su operatividad pasará a la categoría de inservible y deberá comenzar a preparar sus maletas para donde lo lleven las facturas que deberá comenzar a pagar. Su malograda gestión está a punto de finalizar y lo que en el marco de su gobierno se geste en 2019, será para beneficio de otros.

Todo el año 2019 tendrá sentido electoral, de enero a enero. Quizás por ese factor, sumado a la mediocridad de su mandato, en términos políticos y funcionales su gobierno está a poco más de un mes de terminar en desaparecer.

Muchos de sus funcionarios, otrora leales y oficiosos, buscan otros espacios; bien sea para mantenerse vigentes en sus espacios de poder o para sobrevivir después de la serie de desmanes que habrán hecho en su paso por la administración pública y de lo cual nos daremos cuenta en algunos meses.

El partido oficial volverá a ser lo que siempre fue: un cascarón vacío que se llenó artificialmente de usurpadores y negociantes del Estado. Aunque participe en las próximas elecciones, su papel será venido a menos y su desaparición aparece a corta distancia.

Morales querrá trasladar la estafeta a algún candidato de su preferencia, pero dicho objeto no vale nada y más bien, se convierte en una granada que le podrá estallar en la cara a quien se atreva de ofrecerse como en candidato oficialista.

La orientación del presupuesto 2019 tiene un claro sentido electoral. Ministros, funcionarios y diputados disfrutarán de sus mieles. Corremos alto riesgo que el financiamiento público, solapado o abierto, complemente el posible debilitamiento del tradicional financiamiento privado; aunque las reformas del Artículo 407 del Código Penal abre nuevas opciones a ese tipo de apalancamiento al debilitar las causales de los delitos electorales, disminuir las condenas y dejar en el aire los gastos que se realicen durante los días de las elecciones.

El presupuesto y el aparato público en su conjunto, se convertirán en bolsones de recursos dispuestos como botines para continuar la erosión del Estado. Y mientras tanto, el presidente saliente estará viendo cómo sobrevive a sus consecuencias.
Para ajuste de penas, el período de transición será largo.

El nuevo Presidente (a) será electo en agosto, por lo que habrá cinco meses previo a su toma de posesión. De esa cuenta, en el primer semestre de 2019 todavía veremos cierta dinámica del gobierno, no así del presidente; pero durante el segundo el silencio reinará y se combinará con la algarabía del nuevo equipo; que querrá tener la sartén por el mango antes que se encienda la nueva estufa. ¿Transición o choque entre un tren desvencijado y uno que quiere lucir reluciente?

renzolautaro.rosal@gmail.com

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