Jueves 13 DE Diciembre DE 2018
Opinión

Actitud “sabia” de los monos

— Álvaro castellanos howell
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¿La ignorancia excusa corresponsabilidad?

Si usted tiene la dicha de ser vecino en una colonia donde se conoce con la mayoría de vecinos, imagínese lo siguiente:
Un día, de la nada, un grupo de más de mil efectivos de fuerzas combinadas, llegan a su amada colonia, y por la fuerza, los sacan de sus hogares. Les queman sus casas y pertenencias para no poderlas volver a usar, y se ven forzados a huir para defender su mismísima vida.

Tres o cuatro vecinos mueren y dos o tres mujeres, embarazadas, pierden a sus bebés por semejantes acciones.
Se ven forzados a esconderse en algún lugar sin condición alguna para vivir. Y así, pasan ya 18 largos meses sin esperanza alguna que a alguien le importe un pepino lo que usted y sus vecinos están viviendo.

Bueno, pues esa política de “los tres monos sabios”, o de la avestruz, es la que los guatemaltecos estamos aplicando desde hace décadas, para no enterarnos, o hacer como que no nos enteramos, del sufrimiento de muchos connacionales.

Resulta que el padecimiento que acabo de esbozar a manera de hipotético, se queda corto para lo que han sufrido en carne propia más de 500 personas integrantes de la comunidad Laguna Larga, en Petén.

El 2 de junio de 2017 fueron desalojados sin previo aviso y con lujo de fuerza, y hoy viven en condiciones infrahumanas, por decir lo mínimo, en la frontera con México. Lo más impresionante es que han sido los mexicanos, tanto autoridades locales, como pobladores, quienes se han solidarizado más con los guatemaltecos, que nosotros mismos.

Este vergonzoso caso, generó ya medidas cautelares por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que por supuesto, el Gobierno de Jimmy Morales se ha pasado por el arco del triunfo.

Eso ya generó responsabilidad legal internacional. Y después satanizamos las condenas contra el Estado por reparaciones dignas.
Lo que se nos olvida es que cada uno de nosotros, los guatemaltecos, que adoptamos la posición de no oír, o de no escuchar, o de no hablar por estas espantosas injusticias, somos corresponsables por omisión. Y por ende, con harta obligación, como ciudadanos, de entender que el Estado al que pertenecemos debe compensar estas horribles experiencias a las que somete a sus propios “súbditos”.

Sirva esta columna aunque sea, como un minúsculo reconocimiento de admiración y respeto por las mujeres, hombres y niños que integran la comunidad de Laguna Larga, y de los miembros del Bufete de Derechos Humanos.

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