Jueves 13 DE Diciembre DE 2018
Opinión

El final de un ciclo

Un parpadeo resume veintidós años.

— Helmer Velásquez
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Esto del Movimiento ONG, quita el sueño a políticos vernáculos, particularmente a los mediocres y con anhelos dictatoriales, aquellos que acarician poderes eternos y sociedades que les rinden tonta pleitesía. A estos individuos, la organización social les causa desasosiego y perturba su siesta, aquella que sigue a las comilonas y aperitivos, servidos por rastreros Estados Mayores, que se conforman con las sobras y el guiño de ojo del jefe en turno. Corren con servilletas, hielos y lo necesario para la “sana nutrición” de –por ejemplo– el pequeñín Morales Cabrera y corifeos.

Pero…regresando al origen de la nota, y rogando la venia de los editores, esta vez habla del autor. De mis pasos en las ONG. Treinta y cinco años ya, de aquellos primeros pasos. Llegué al sector, por la propensión personal al trabajo organizativo, político y social. Empujado –además– por circunstancias derivadas de la aberrante persecución militar. De asesor jurídico, mi primer oficio serio, pase de sopetón a involucrarme es medidas de apoyo humanitario y político, a población rural, reprimida militarmente. Organizaciones campesinas de base territorial. Siempre estuvo claro, que la organización, era la base de la cohesión social comunitaria y el “proyecto” una especie de salvoconducto. Obviamente acechados por el riesgo. Era una mezcla de afanes por mantener organización, en el medio del holocausto. Se trataba de medidas de sobrevivencia, vinculadas a alfabetización, costura, cría de animales de patio, crédito agrícola, formación de liderazgo, ejercicio de derechos y la autovaloración de principios, usos y costumbres de las identidades indígenas. Eran tiempos de represión y lucha.

En ese entorno, ONG de iglesia. Ese fue mi caso, servían de vehículos para “no abandonar” al pueblo en el medio de aquella oscurana, no era más que un hálito de esperanza. Aquello se pagó caro: compañeros de ONG y dirigentes comunitarios desaparecidos. Ese es el escenario en que llegue a las ONG. Hace ya treinta y cinco años. Xela y Chimaltenango, el escenario. Alejado de la Usac. ¿A qué viene el prolegómeno? Salgo de la dirección de CONGCOOP en enero 2019. Allá llegue en 1994. Me alejé dos años y volví. Quedan allí 22 años de acción social y política. Un entramado de experiencias. La Dirección de CONGCOOP, va a nuevas manos. Buenas Manos. Nada de sobresaltos. La entidad tiene institucionalidad y marcha. Sigue siendo voz en este país. Pequeña, coherente y solidaria. Así que ya peinando canas empiezo a contar el fin de ciclos de vida. Seguiré, eso sí, con la organización campesina y social.

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