Sábado 8 DE Agosto DE 2020
Opinión

El futuro será diferente, aunque no tengamos intención de cambiar

El cambio es inevitable, en lugar de resistirlo debiésemos tratar de diseñarlo en positivo.

Fecha de publicación: 03-12-18
Por: Richard Aitkenhead Castillo

 

Guatemala es un paraíso de la resistencia al cambio. Para lo bueno y lo malo. Cada cuatro años se hace la descripción detallada de lo que se requiere del líder nacional, el o la Presidente de la República. Siempre se reduce el tema a la persona más que al equipo, la propuesta de trabajo o las condiciones mínimas requeridas para poder impulsar cambios en el país. Soñamos con cambios totales sin siquiera estar dispuestos a cambios marginales en aquello que nos afecta. Hablamos de futuro, anclados en el pasado.

Se repite que Guatemala es un país de gente joven pero se actúa como si fuera un país de viejos y para los viejos. Se dice que el futuro está en las nuevas generaciones pero no resolvemos con determinación el problema de desnutrición, de salud básica o de educación, tan solo para citar las más evidentes. Se habla del futuro tecnológico y no somos capaces de lograr que exista conectividad en todo el país, en las escuelas, en todos los parques municipales. Es hablar, no hacer.

Las noticias, el enfoque político, los esfuerzos sectoriales y la dinámica social están más enfocados en las luchas presentes, en las explicaciones ideológicas pasadas, en las presunciones de componendas y de fines ocultos propios de una intriga, que en debatir opciones de cambio, de reforma o de evolución. En nuestro país todos somos partidarios del cambio, de aquel que nos beneficia directamente y del que no afecte a nuestros amigos y aliados. La visión estratégica es poco común y muy poco evaluada en foros abiertos y con la participación de sectores diversos. Nos encanta escuchar solamente lo que coincide con nuestra propia visión e intereses.

Estas reflexiones no tienen un objetivo de crítica o de reproche. Lo que buscan, ahora que se acerca el fin del año, es hacernos reflexionar del tipo de diálogo que debiese de promoverse durante el proceso electoral del próximo año. Sobre la necesidad de tener grandes acuerdos nacionales que partan de una visión del lugar de Guatemala en el mundo y dentro del Triángulo Norte. De ser capaces de formular una estrategia para el 2050, de tener objetivos claros para el 2030 y de presionar a las y los futuros candidatos a que describan el alcance que se proponen durante su Administración.

En la construcción de la Guatemala del futuro se debiese contar con objetivos colectivos y no tan solo con intereses individuales. Debe haber respuestas a los grandes desafíos nacionales: el fortalecimiento del Estado de Derecho y la erradicación de la corrupción, la integración multicultural y la erradicación de la pobreza extrema, la prioridad hacia las nuevas generaciones, la reforma del modelo de la infraestructura vial, la estrategia laboral y comercial, la sostenibilidad ambiental, el futuro de las migraciones y la agenda tecnológica, por citar algunas de las prioritarias. Es hora de aceptar que el futuro será diferente, aunque soñemos en no cambiar. El cambio es inevitable, en lugar de resistirlo debiésemos tratar de diseñarlo en positivo.