Jueves 17 DE Octubre DE 2019
Opinión

Sin avances democráticos

No se pueden obtener resultados diferentes si se siguen haciendo las cosas de la misma manera.

 

 

Fecha de publicación: 28-11-18
Por: Lizardo A. Sosa L.

No hay argumentos para esperar cambios en la administración de la cosa pública, ni en el funcionamiento del sistema político, que deriven del proceso electoral que arranca formalmente en enero de 2019.

Este convencimiento deviene de comprobar que, al fin de cuentas, ganaron la partida quienes se opusieron a los cambios electorales tendientes a impulsar el fortalecimiento del sistema democrático, la creación de condiciones para crecientes niveles en la democracia en los partidos políticos y en la cultura ciudadana de participación política, por ejemplo, viabilizando lo relativo a que los ciudadanos elijan representantes votando por personas concretas y no por listas oscuras; así como por la conveniencia y urgencia de redefinir el tamaño, número de los distritos electorales 23 distritos uno por cada departamento de la República más el Distrito Central (Artículo 157 Constitucional) que permitirían aumentar la representatividad y legitimidad de los representantes que son electos como diputados al Congreso de la República. Por ello no es dable esperar cambios en el comportamiento de quienes resulten electos, simplemente, porque se seguirá con las mismas prácticas y, como bien dijo el gran científico Albert Einstein, no se pueden obtener resultados diferentes si se siguen haciendo las cosas de la misma manera.

Cierto es que hubo cambios importantes en la LEYDPP, pero estos se refieren al control del financiamiento electoral y a la distribución de tiempo y espacio para la propaganda electoral en los medios, y es lamentablemente cierto y dramático que en lo relativo al sistema democrático, más bien hubo retroceso en lo relativo a la democracia interna en los partidos políticos ya que se fortaleció el poder omnímodo de las dirigencias partidarias (es decir, de los dueños de los partidos o de sus financistas y adláteres); vía los preceptos legales contra el transfuguismo, que dejan el futuro político del diputado dependiente de las decisiones frecuentemente arbitrarias de las dirigencias, so pena de asegurar su muerte política pues abandonar el partido o no alinearse, lo imposibilita presentarse a una nueva elección.

Por de pronto las alegres elecciones están en marcha; el florecimiento de candidaturas ha iniciado, el crecido número de partidos participantes en 2019 pareciera una estrategia pensada para atomizar el voto en la primera vuelta, y facilitar la llegada a segunda vuelta del candidato de preferencia de alguna elite poderosa, miniando riesgos y abaratando el esfuerzo.

He manifestado que el déficit mayor de nuestra sociedad está en la política. No hay Política, hay politiquería; no hay Partidos Políticos, hay “partidos políticos” en búsqueda del poder para satisfacción de intereses personales, sectoriales o de grupos; no hay visión de largo plazo, no se tiene idea de lo que debiera hacerse para empujar al país por la senda del progreso y del bienestar para los ciudadanos, salvo raras excepciones con escasas posibilidades de éxito electoral.
Así estamos.