Lunes 3 DE Agosto DE 2020
Opinión

Más que no violencia, vida plena

La vida plena parece imposible…

Fecha de publicación: 24-11-18
Por: Maya Alvarado Chávez/LaCuerda

 

El Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres se remonta al 25 de noviembre de 1960, fecha en que el dictador dominicano, Leonidas Trujillo asesinó brutalmente a las hermanas Mirabal. Ellas, otras, antes y después, en el continente y el mundo, de diferentes pueblos, identidades y sexualidades, tenían en su horizonte la vida plena para ellas, sus comunidades, las sociedades y los contextos en las que vivieron. Buscándola, encontraron la violencia y la muerte.

Por eso afirmamos que la no violencia es un paso, pero no el punto de llegada. El horizonte a alcanzar es la vida plena. Construir sus contenidos es un ejercicio complejo, colectivo y necesario. Esto, a pesar del hartazgo que produce nuestro contexto, donde prevalecen los pactos de élites económicas, militares, políticas, así como la violencia, dispositivo de poder que tiene como función social controlar, cercar, minimizar, culpar, aterrorizar y matar. La vida plena parece imposible cuando se intensifica el fascismo como método para gobernar, controlar e imponer silencio a través de la violencia, y su efecto más inmediato: el miedo. Miedo en nuestras camas, casas, caminos, calles, escuelas, trabajos, iglesias, espacios de socialización y organizativos. Frente a esto, el movimiento de mujeres y feminista ha realizado acciones de denuncia y reivindicación de la vida libre de violencia. Los procesos de reconfiguración de las experiencias dolorosas han implicado la sanación, formación, movilización, comunicación, el impulso de procesos jurídicos de casos de la actualidad y de la guerra contrainsurgente. Todo ha hecho posible, en algunos casos, elaborar duelos, sanar, visibilizar socialmente las problemáticas, interpelar imaginarios que legitiman y normalizan la violencia.

También se ha logrado el diseño de políticas, programas e instituciones con las correspondientes dificultades para concretar los objetivos de su existencia, en el marco de un Estado surgido para la dominación, la acumulación y el despojo, que entre otras cosas, legitima que niñas violadas entre 10 y 19 años sean madres (65 mil 533 entre el 1 de enero y 31 de octubre 2018).

Develar es importante, pero además necesitamos dialogar los contenidos de otra realidad. Conocer nuestra historia; construir redes de cuidado colectivo; dialogar las relaciones sociales, afectivas; los contextos que queremos y merecemos habitar; los saberes ancestrales del cuidado de la tierra, el aire y el agua; la calidad de alimentos que ingerimos; formas armoniosas y cooperativas de coexistencia con todos los seres; el ejercicio de nuestras sexualidades, nuestra creatividad y autonomía como personas. También necesitamos construir rutas de llegada. En la víspera de esta efeméride, nuestra acción, además de la movilización y demanda, requiere el diálogo entre nosotras, otras y otros; con quienes nos antecedieron; con quienes defienden sus territorios a pesar de la persecución y la cárcel; con quienes han huido, huyen de la violencia y buscan justicia en su sentido más amplio, porque las habita la dignidad, resisten, se rebelan contra las injusticias, honran la vida plena que todas soñamos y que está en el horizonte compartido hacia el que avanzamos.