Domingo 24 DE Marzo DE 2019
Opinión

Centroamérica, el retorno a escenarios conflictivos

— Richard Aitkenhead Castillo
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En el Triángulo Norte, los problemas son políticos.
Desde el éxito de finales de los años ochenta, cuando en Centroamérica se logró solucionar las problemática regional, y de cada uno de los países, mediante procesos políticos abiertos y acuerdos negociados que dieron fin a conflictos armados, no enfrentábamos tantos desafíos y potenciales problemas en la región. Desafíos que amenazan los avances alcanzados.

Por ahora, los problemas tienen carácter interno en cada uno de los países. Diferentes cada uno de ellos pero con el común denominador que ponen en riesgo el crecimiento económico, la estabilidad política y amenazan las condiciones sociales, especialmente de las familias más vulnerables.

De sur a norte. Costa Rica está muy cerca de una crisis económica y financiera que se caracteriza por altos niveles de déficit fiscal, elevada deuda pública, que requiere de recorte de gastos públicos y de elevar la carga tributaria, con resistencia organizada de los grupos de interés ante estas posibles reformas, con un balance político débil y peligros de una fuerte devaluación de su moneda. Su crisis es financiera pero puede tener implicaciones sociales importantes.

Nicaragua atraviesa el peor dilema de la región: permitir que se consolide una dictadura violenta, la de los Ortega; o intensificar la resistencia, a pesar del inmenso costo social. Ya suman cientos de muertes y millares de detenidos por el uso desproporcionado de la fuerza de la Policía. Mientras tanto, la economía se desploma y el desempleo aumenta en forma acelerada. Una solución electoral en cerca de tres años, no parece ser un camino viable. Para colmo, ahora el resto de Centroamérica, con excepción de Costa Rica, manejan la crisis como un tema interno de Nicaragua y no como una crisis que requiere la acción regional.

En el Triángulo Norte, los problemas son políticos. En Honduras, la crisis política empieza a crecer y se refleja en la fuerza de la caminata de los migrantes hacia EE. UU., que ha sido una oportunidad aprovechada por las fuerzas de oposición para atacar y debilitar al gobierno de Hernández, que tuvo una victoria electoral cuestionada y que mira decrecer su margen de maniobra.

Mientras tanto, en El Salvador se encuentran en pleno proceso electoral y se siente la tensión entre el esfuerzo de ARENA por recuperar el poder en la elecciones y las maniobras que el frente y sus aliados buscan implementar para impedirlo. Se vislumbra una tensión creciente en el proceso electoral.

Para finalizar, en Guatemala, el Gobierno y el Congreso son los principales enemigos de los esfuerzos de avance en la lucha contra la corrupción e impunidad y han hecho de la salida de la CICIG, su objetivo central. Todo ello, en momentos que está por iniciar la nueva contienda electoral y donde los partidos políticos tienen poca credibilidad. No es un panorama alentador el que muestra Centroamérica, en materia política e institucional. Se requiere de vientos de cambio y de mayor coordinación regional ante las problemáticas que enfrentan cada uno de los países.

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