Martes 11 DE Diciembre DE 2018
Opinión

¿A quién pertenece la FILGUA?

Un velado intento por suprimir la producción de ideas incómodas.

— Carol Zardetto
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Juntamente con una camionada de otras abjuraciones al bien común, nos llega una noticia que podría perderse entre tanta basura. La Cámara de Industria ha iniciado una batalla legal en contra de la Feria Internacional del Libro en Guatemala. La manera en que se ha materializado este ataque es la oposición al registro de la marca FILGUA por parte de la Gremial de Editores. La falaz postura de la Cámara de Industria es que la marca les pertenece. Sus explicaciones son confusas y, sobre todo, sin fundamento ético.

Efectivamente, la ausencia de fundamento ético en esa oposición brilla como gigantesco sol. La feria ha sido un largo proceso de evolución y aprendizaje. Y no solamente por parte de la Gremial de Editores. Es el conglomerado de guatemaltecos quienes hemos echado, despacio y con perseverancia, los granitos para su edificación. Para empezar, la gente que atiende la convocatoria porque le interesan los libros y las discusiones que propician. También, los autores, las editoriales, los apoyos externos, la participación del Ministerio de Cultura. La Feria es una elaboración colectiva y, por tanto, es
patrimonio de la comunidad.

El mérito de la Cámara de Industria y sus directivos (que no puede dejar de mencionarse) es su reconocimiento del poder que tiene la cultura en la transformación de los pueblos. De allí su recelo, de allí su temeroso intento de hacer lo único que ha sabido hacer el sector privado organizado: controlar y reprimir. Un sector privado lleno de poder que no sabe utilizarlo para crear y construir. Su respuesta es única y previsible: desarmar, oponerse, bloquear, destruir todo intento comunitario.

La Feria evidencia la producción editorial. La producción editorial evidencia la gestación de ideas. En los últimos años, se han publicado obras icónicas de reflexión acerca de Guatemala. Gracias a este aporte, hemos podido comprender la historia del país, sus contradicciones. Han surgido muchas preguntas y muchos esfuerzos por responderlas. Una incipiente ciudadanía con sentido crítico es el resultado de muchos esfuerzos, entre ellos la producción editorial y la Feria.

Si a la Cámara de Industria le preocupa qué tipo de ideas se generan y exponen en la Feria, quizá debería preguntarse por qué el sector más poderoso económicamente es estéril en propuestas intelectuales. Quizá les convendría dar un giro a su gastada estrategia negativa. En lugar de invertir esfuerzos en suprimir lo que no les gusta, iniciar un proceso autocrítico para comprender por qué han fallado en su responsabilidad de aportar ideas que sirvan a la construcción de la paz, el respeto a la dignidad humana, la prosperidad verdadera que no está en la capacidad de dividir y destruir, sino en la posibilidad creativa del bien común.

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