Jueves 13 DE Diciembre DE 2018
Opinión

Luis Díaz, Premio Carlos Mérida

Pintor, escultor, arquitecto, creador de artefactos y muebles.

— Méndez Vides
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Luis Díaz es un artista entero, cuya obra no se limita a referencias de cuadros dedicados a la exhibición privada dados en adopción (porque Luis Díaz sufre cada vez que se desprende un cuadro de su hogar, como hijo que parte independiente hacia su destino), sino a la experiencia arquitectónica en la ciudad por los murales geométricos que dan colorido y personalidad al paisaje de la zona moderna capitalina, o la impresión a los jóvenes estudiantes de la Universidad de San Carlos que contemplan el edificio simbólico de la biblioteca de cuyo diseño Díaz es coautor, y, evidentemente, alma.

Pintor, escultor, arquitecto, creador de artefactos y muebles, sus logros se concentran en su casa-taller en Mixco, un proyecto único construido en los años setenta entre árboles y ramas en la vertiente de un barranco, y que hoy en día es un oasis entre la mancha urbana devoradora. La casa es una verdadera obra de arte, tapizada con su propia obra y una que otra realización de amigos, como Daniel Schaffer, en homenaje a la amistad y sintonía.

La casa se yergue alrededor de la mesa del comedor, que es el centro o vórtice de la edificación, parte integral, como muro de madera inamovible, punto de referencia de su universo. Dicha casa quizá se convierta algún día en museo que atesore y proteja la obra contenida de la diáspora natural.

Luis Díaz es su casa, y el Premio Nacional Carlos Mérida otorgado por el Ministerio de Cultura un gran acierto. Es de felicitar al Estado por honrar a un artista excepcional, que inició inventando artefactos y estandartes, descubrió el discurrir del Motagua entintado de sangre, que luego evolucionó como el Gran Gucumatz que ganó la XI Bienal de Arte de Sao Paulo, Brasil. Siendo ya un artista reconocido, Luis Díaz experimentó con el brillo de los tetuntes y la impresionante experiencia del mirador metálico de 360 grados desde el centro del Lago de Atitlán. El lobo de la Fauna Guatemalensis fue un gran paso, y los objetos y escombros que caen a la tierra en llamas, como una explosión de color en representación del derrumbe en el tiempo de la guerra interna, y que después de la firma de la paz produjo en remanso suave de quietud en su Son de Pájaros. Bien merecido el reconocimiento, porque al homenajear a Luis Díaz se reconoce su labor y la de los artistas nacionales.

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