Martes 21 DE Mayo DE 2019
Opinión

¿En camino hacia la anarquía?

Estamos entrando en un ambiente en el que cada quien hace lo que le da la gana independientemente de las disposiciones legales que nos rigen, con el riesgo de llegar al anarquismo.

Fecha de publicación: 14-11-18
— Lizardo A. Sosa L.

Uno de cada dos niños menores de cinco años sufre desnutrición crónica; el incrementado gasto en educación no representa mejoras en la preparación escolar ni el gasto en salud se traduce en un servicio suficiente ni eficiente para la atención de los problemas de salud de la población; los servicios médicos y hospitalarios privados no están al alcance de la mayoría de la población, los tratamientos y medicinas son extremadamente caros; la política laboral no se relaciona con las condiciones del mercado y no se ofrecen posibilidades dignas de empleo para la mayoría; los salarios reales son bajos y se deterioran lenta y progresivamente en lo que Edelberto Torres-Rivas denomina como “Guatemala, capitalismo sin salario o ciudadanos sin salario” –elPeriódico, 19/08/2018– al revelar que el 65 por ciento de la población ocupada, 3.8 millones de trabajadores no reciben ni el salario mínimo, situación que afecta a más del 95 por ciento de los empleados como jornaleros y servicios domésticos; la única universidad estatal con presupuesto multimillonario, no logra cubrir sus gastos y requiere asignaciones adicionales de emergencia por cientos de millones para pagar remuneraciones; el Ejército reparte bonos injustificados y gestiona incrementos presupuestarios de efectos perniciosos por recursos que dejan de emplearse en servicios públicos o en la atención de otras justas reivindicaciones, tal el caso de los médicos de hospitales estatales; la seguridad ciudadana está en la calle de la amargura; se invaden fincas y se atacan y destruyen instalaciones hidroeléctricas sin que inhiban tales acciones; los tribunales suspenden actividades de industrias extractivas desarrolladas en apego a las leyes vigentes y causan enormes perjuicios económicos y financieros, se dictan prisiones preventivas que duran más tiempo que las penas de los presuntos delitos; el Congreso se inhibe de la emisión de leyes necesarias y reformas constitucionales urgentes para fortalecer el marco jurídico, el Estado de Derecho y la administración de justicia, se postergan reformas en materia de Banca Central, del Servicio Civil, del proceso electoral, etcétera, etcétera; tampoco cumple su función fiscalizadora; finalmente aunque explicable por causas personales en todo caso espurias, se emprende una enconada lucha en contra de entidades clave en el combate a la corrupción y la impunidad, se violan disposiciones legales vigentes y se dejan de observar sentencias y resoluciones del tribunal a cargo de velar por el respeto a las normas constitucionales.

Estamos entrando pues en un ambiente en el que cada quien hace lo que le da la gana independientemente de las disposiciones legales que nos rigen, con el riesgo de llegar al anarquismo, aunque de hecho no se propugna la supresión del Estado o la ausencia del poder público que ese pensamiento implica, pero sí con la pretensión de generar desconcierto y desorden y de tener un Estado tan inútil, como que si no existiera, cuando lo necesario es el fortalecimiento del Estado de Derecho, la recuperación de la indispensable función de la política y el desarrollo
institucional.