Domingo 19 DE Enero DE 2020
Opinión

No es normal

La sociedad jamás debiese ver como “normal”, una agresión física y psicológica en contra de la mujer.

Fecha de publicación: 13-11-18
Por: Estuardo Porras Zadik

 

En nombre de la “normalidad”, nos hemos acostumbrado a vivir en una especie de anarquía por conveniencia en la que, como sociedad, toleramos lo que inevitablemente nos destruye. Normal es lo que funciona como norma, canon, regla o modelo. Es decir, aquello que se encuentra en un estado al que se le considera como natural. Para ejemplificar un poco más el tema de la normalidad, vale la pena considerar el aspecto psicológico como calificativo en el cual se le aplica el mismo a quien no revela una diferencia importante respecto a su comunidad. El término “normalidad” es, sin duda, uno de los baluartes que rigen nuestro comportamiento en sociedad. En la línea del tiempo, las diferentes sociedades han creado costumbres y estereotipos a los que de manera individual sus integrantes han respondido.

En Guatemala, hemos caído en la desgracia de crear costumbres y estereotipos a partir de comportamientos que riñen con la ley, y que han permeado en todas las esferas de la sociedad. En nuestra sociedad es normal el irrespeto a la ley. Lo vemos en todos los ámbitos: desde el tráfico hasta la compra de voluntades de políticos, jueces y funcionarios. Hemos llegado al colmo de calificar el trabajo de algunos de estos últimos como bueno en comparación con los demás, porque “aunque roban, al menos hicieron obra”.

Cedemos ante la ilegalidad, por contrarrestar la incapacidad de nuestras instituciones gubernamentales. Es “normal” pagar a un vista en aduanas para agilizar el trámite de un contenedor; de igual manera que dado el riesgo financiero de esperar la devolución de un crédito fiscal, varias empresas ven como “normal” el soborno para garantizarse el pronto pago. Los proveedores del Estado han lubricado el sistema a través de coimas que les garantizan el enriquecimiento desmesurado y la perpetuidad como tal; siendo estas artimañas, una “normalidad” dentro del sistema. Ya nos acostumbramos y vemos como “normal” que existan contratos leoninos, sobrevaloraciones de insumos y obras, al igual que proyectos mal hechos o que simplemente jamás se realizaron. Pero al parecer así funcionan los gobiernos y todo es “normal”. Al menos así lo confirmó el presidente Jimmy Morales, al expresarle abiertamente al periodista Jorge Ramos que la corrupción en Guatemala es “normal”.

Pero la realidad es que no lo es y, aunque hemos creado una costumbre y un comportamiento que en apariencia hacen de la corrupción un hábito “normal”, esto no es más que impunidad. Una impunidad que hemos tolerado, dada nuestra complacencia. El presidente Morales es quien debiese ser el primero en dar el ejemplo y romper el círculo vicioso. Sin embargo, al parecer, también es “normal” que un mandatario sea acusado de corrupción.

Pero lo que hoy está a prueba, va más allá de lo que al menos yo estoy dispuesto a tolerar y a lo que definitivamente no estoy dispuesto a ver como “normal”. La reciente columna de Édgar Gutiérrez en la vecindad de estas páginas, hace serias acusaciones en contra del presidente Morales que, como sociedad, no podemos darnos el lujo de ignorar y que debiésemos exigir se investiguen a la mayor brevedad. En la mayoría de casos semejantes, pero más en este por tratarse del presidente de la República, el poder del agresor anula cualquier esperanza de justicia. La única manera de romper con esto, es si estas mujeres se convencen de que están acuerpadas por una sociedad que jamás verá una agresión física y psicológica en contra de la mujer como algo “normal”.