Domingo 21 DE Abril DE 2019
Opinión

Centenario de la terminación de la Gran Guerra

— editorial

El pasado domingo 11 de noviembre, se celebró en París, Francia, el centenario de la terminación de la I Guerra Mundial (conocida también como la Gran Guerra). Al acto conmemorativo, en el Arco del Triunfo, asistieron varios gobernantes de los países que se enfrentaron, entre ellos, Donald Trump (EE. UU.), Vladimir Putin (Rusia), Ángela Merkel (Alemania), Justin Trudeau (Canadá), Recep Tayyip Erdogan (Turquía) y Emmanuel Macron (Francia). La primera ministra de Gran Bretaña, Theresa May, no concurrió al acto, ya que presidió la ceremonia conmemorativa del armisticio alemán en Londres, Inglaterra.

Cabe traer a colación que el 11 de noviembre de 1918, a las 11:00 horas, Alemania aceptó las condiciones del armisticio, lo que puso fin a la I Guerra Mundial, que se inició el 28 de julio de 1914.

Durante el conflicto bélico se enfrentaron dos grandes coaliciones de países. Por un lado, la Triple Alianza, conformada por el Imperio Alemán y el Imperio Austrohúngaro; y, por otro lado, la Triple Entente, formada por el Reino Unido, Francia y el Imperio Ruso. Ambas coaliciones se fueron modificando durante el curso de la confrontación: Italia, el Imperio del Japón y los EE. UU. se unieron a la Triple Entente, el Imperio Otomano y el Reino de Bulgaria se unieron a las Potencias Centrales, en tanto que Rusia abandonó la contienda después de que la Revolución Bolchevique (octubre de 1917) depusiera al Zar Nicolás II.

Las causas de las hostilidades fueron la rivalidad, la intransigencia y el choque entre los imperialismos nacionalistas en Europa, aunque el detonante ocurrió el 28 de junio de 1914, en Sarajevo (Bosnia Herzegovina), donde fue asesinado el archiduque austríaco Francisco Fernando, perpetrado por el serbio Gavrilo Princip.

El costo humano de la Gran Guerra fue de 10 millones de muertos, 6 millones de heridos y mutilados, 3 millones de viudas, 6 millones de huérfanos y millones de víctimas civiles.

Cabe recordar que las condiciones impuestas a los derrotados en el Tratado de Versalles, que se suscribió, el 28 de junio de 1919, entre vencedores y vencidos, por cierto mucho más benévolas que las impuestas a Francia por los alemanes después de la Guerra Franco Prusiana (1870-1), en 1871, fueron explotadas por los Nazis para alentar la ira, el rencor y la venganza que llevaron a Alemania a embarcarse en la II Guerra Mundial.

En su discurso conmemorativo, el Presidente de Francia, Emmanuel Macron, expresó: “Lo sé, los demonios antiguos resurgen, preparados para cumplir con su obra de caos y muerte. Nuevas ideologías manipulan las religiones y promueven un oscurantismo contagioso. La historia amenaza a veces con retomar su curso trágico y comprometer nuestra herencia de paz que creíamos definitivamente sellada con la sangre de nuestros ancestros”, en abierta alusión al resurgimiento de los nacionalismos en el mundo, así como a los discursos y campañas de odio, provocación y confrontación. Asimismo, Macron exhortó: “Sumemos nuestras esperanzas en vez de oponer nuestros miedos”.

En esa misma línea de pensamiento, la Canciller Merkel, durante su intervención posterior, expresó: “Aquella guerra, con su derrame de sangre sin sentido muestra adónde pueden llevar la arrogancia nacional y militar, y las desastrosas consecuencias de la falta de diálogo y compromiso, la política y la democracia”.

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