Miércoles 26 DE Junio DE 2019
Opinión

¿Lo harías tú?

Cuando tus abusadores son poderosos.

Fecha de publicación: 12-11-18
Por: Édgar Gutiérrez

 

Como era habitual en las mañanas, Nora* encendió la computadora de su escritorio y fue a servirse un café en el pasillo. Regresó presurosa cuando escuchó el timbre del teléfono. “Tienes que ir a las diez a Casa Presidencial, te están citando a una reunión de trabajo”. No era la primera vez que, en efecto, asistía a un encuentro de técnicos de distintas oficinas del gobierno.

Pero esta vez, al entrar por la Sexta Avenida, fue conducida a la zona privada, donde reside el presidente. La sentaron unos minutos en la sala de recibimiento y después le indicaron que pasara al área donde está la piscina. “Ingrese directamente a la puerta del fondo” –la instruyeron. Parecía extraño, aunque nada fuera de lugar. Hasta que abrió la puerta. Un olor tóxico, como de bar recién abierto tras una noche de absoluta juerga la repelió. Pero nada tan repugnante como el hombre sin ropa invitándola a quedarse. Apenas vio la escena y salió corriendo, sin antes tronar la puerta a sus espaldas. Esa misma mañana, en la máquina que había quedado encendida en su escritorio, redactó la carta de renuncia irrevocable y jamás, desde 2017, volvió a visitar una oficina de gobierno.

Rebeca* en cambio no tenía el respaldo económico de su familia para renunciar al trabajo, tras las primeras “reuniones técnicas” en Casa Presidencial. Al contrario, sin su aporte monetario su hermano no podría seguir la carrera en la universidad. Así que aguantó las insinuaciones resbalosas del hombrecillo que le tocaba las piernas “por accidente”. Ella era conducida personalmente por su jefe directo, entonces viceministro. “Acompáñame, vamos a ir con el presidente a discutir la reasignación presupuestal del Ministerio”, le instruía. De nada valían sus explicaciones sobre que ella no era experta en el tema. “No me hagas quedar mal con el jefe”, insistía.

Hasta que hubo una vez que la citaron fuera de la oficina oficial del mandatario y fue conducida directamente a un lugar privado en la zona 14. Los agentes de la SAAS se despistaron y le dejaron el celular. Ella, denigrada, decidió filmar al señor ebrio que la invitaba desde la cama, con una copa de vino tinto, a media asta. A esa “reunión técnica” siguieron otras, donde participaban amigos íntimos del señor, miembros del Gabinete de Gobierno. Por lo menos diez chicas más estaban allí. Despistados en la borrachera, todos fueron filmados.

Por miedo, hasta ahora las denuncias ante el MP no se presentaron; pero también porque el camino seguro que eligieron los fiscales es incierto y escabroso para ellas. Significa al menos tres meses bajo un programa de protección de testigos que no les genera confianza. Y, si el Congreso, que ha protegido hasta ahora al presidente, decidiera finalmente retirarle el antejuicio, las chicas tendrían que ratificar las denuncias y asistir de nuevo a los lugares a donde fueron conducidas y denigradas, para, después, ser examinadas por el Inacif. Desde luego que hay rutas cortas, pero no están disponibles por ahora en la Fiscalía de la violencia contra la mujer. El MP hizo bien en cerrar administrativamente la denuncia, pero, como la Fiscal General misma ha admitido, en cualquier momento se puede reabrir.

Moraleja. ¿Han abusado de ti? ¿Quieres denunciar y te dicen que primero debes someterte a debate, y si eres considerada ofendida se procederá legalmente? ¿Mantendrías tu determinación, considerando que tus abusadores son el presidente de la República y un ministro con anillos de narco en todos los dedos de sus manos, el mismo que paga cash los votos espurios de los diputados?

* Nombres ficticios, para proteger la identidad de las víctimas.