Jueves 18 DE Julio DE 2019
Opinión

La crisis universitaria y la nueva generación sancarlista

Los universitarios con mayor experiencia tenemos la obligación de ayudar a que esta generación florezca, y en consecuencia, no debemos cargarla con nuestros problemas y complejos.

Fecha de publicación: 10-11-18
Por: Jorge Mario Rodríguez

 

Una de las cruciales interrogantes de nuestro tiempo, agudizada aún más por la llegada al poder del ultraderechista brasileño Jair Bolsonaro, es identificar las razones de la innegable intoxicación autoritaria de sociedades que parecen haber olvidado no solo su historia, sino hasta la conciencia de los propios derechos. Las respuestas a este fenómeno son complejas, pero entre ellas debe encontrarse la degradación de la educación en todos sus niveles.

Esta regresión en la formación humana, natural consecuencia de la demencia neoliberal, desemboca en la muerte de la verdad y en el desprecio del conocimiento. Ya Hannah Arendt notaba que los individuos creados por una sociedad totalitaria no distinguen entre hecho y ficción, ni entre verdad y falsedad. Semejante degradación cognitiva debe afectar también la comprensión que la persona moral tiene de sí misma. El sujeto “racional” del neoliberalismo se caracteriza precisamente porque se plantea su vida en términos economicistas, lo cual implica una mutilación fundamental de la vida moral.

Estas coordenadas conceptuales determinan el contexto general desde el cual se debe entender el actual ataque a la universidad pública en Guatemala. Lamentablemente, y al margen de la imbecilidad que predomina entre diputados y gobernantes, muchos ciudadanos han internalizado los discursos que demonizan lo público. Bajo esta perspectiva, la universidad se justifica únicamente con base en los beneficios inmediatos que brinda a la sociedad. Se olvida que los bienes creados por la educación crítica suelen ser de largo plazo y de naturaleza estructural. Las necesidades efímeras de una economía en constante mutación son menos importantes que los bienes necesarios para la vida de las generaciones venideras.

Por lo tanto, el problema de la universidad no se limita a la crisis financiera y, en consecuencia, no se cura con la opaca receta de la austeridad. El ordenamiento financiero de nuestra universidad requiere, ante todo, un ordenamiento de prioridades. Se debe privilegiar la misión de trabajar por la solución de los problemas nacionales. No se trata de generar emprendedores centrados en sus ganancias, sino ciudadanos críticos que sepan comprender profundamente las claves de los problemas fundamentales de nuestro tiempo.

Debe mencionarse, por lo demás, que la conciencia de esta tarea no es de índole estrictamente nacional. Desde diferentes regiones, destacados pensadores condenan la violenta reducción de la educación a un simple entrenamiento para sobrevivir dentro del ya irresoluble laberinto capitalista.

Ahora bien, son las nuevas generaciones universitarias las que anticipan con mayor claridad los ingentes desafíos del futuro próximo. Por su naturaleza, las generaciones universitarias suelen anticipar las mayores dificultades que ofrece el porvenir. El paradigma más noble que se erige frente a la actual juventud universitaria lo constituye la gesta generacional estudiantil que hizo germinar la Primavera Democrática en Guatemala.

Dentro del contexto universitario guatemalteca, el colectivo estudiantil sancarlista, representado en la AEU, encarna a esta juventud consciente. En la defensa de la universidad estatal, se debe brindar la mayor atención a las perspectivas de esta asociación, la cual está tratado de profundizar la democracia universitaria y el compromiso social de esta.

Considero que los universitarios con mayor experiencia tenemos la obligación de ayudar a que esta generación florezca, y en consecuencia, no debemos cargarla con nuestros problemas y complejos.