Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Kublai Kan, Marco Polo y China en la Ruta de la Seda

Celebro el sistema de controles y balances recién observado en EE. UU.

— Fernando González Davison
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Robert Kaplan en su libro The Return of Marco Polo’s World (Random House, 2018), confirma que es uno de los mejores visores del escenario mundial actual, cuya lectura es obligada para entender las relaciones internacionales en términos geográficos y tecnológicos. La interconectividad es cada vez más compleja y desestabilizante, mientras ciertos actores de las potencias occidentales se dividen entre sí. Occidente llegó a su clímax de unión y ahora se está separando y pierde cohesión, con una OTAN y EU debilitada, mientras Asia da el giro casi definitivo para dirigir de manera espectacular y con coherencia el desarrollo global: China vuelve a la estrategia de la Ruta de la Seda generada por la dinastía que dirigió Kublai Kan hace ochocientos años, en Dadu (hoy Beijing), que consolidó su poder y el comercio a escala global desde varias regiones del centro de Asia, Medio Oriente, Europa… Marco Polo escribió el esplendor comercial y los avances tecnológicos chinos que no existían en Europa en el siglo XIII, donde viajó por más de dos décadas. Kublai Kan tuvo como meta el comercio y no tanto el dominio per se, aunque fue despiadado cuando había resistencia, en un mundo diverso y complejo debido a centenares de nacionalidades y religiones, donde tuvo la cautela de respetarlas de manera general. China propone unir el mundo asiático a un costo billonario para cohesionar esa inmensidad para el comercio y la producción: súper carreteras, líneas férreas, puertos en el mar de China, de India, en la zona del Golfo Pérsico, en el Mar Negro… con Pakistán, Irán, Turquía, Rusia y varios países de la ex-Unión Soviética de aliados, con una invitación a los países del sureste asiático y Japón para que definan su giro a Asia y sus oportunidades, India como rival. Eurasia se está convirtiendo en un territorio fluido de interacción comercial tecnológico y geopolítico, que incluso podría abarcar a África y Europa, donde los intereses chinos están presentes. Kaplan menciona al geoestratega Halford Mackinder que a principios del siglo XX vio que eso no convenía a Occidente y había que frenarla. Pero lejos de ser tan suave como la seda, la ruta atraviesa territorios de alta conflictividad en los que Kaplan llama “estados-prisiones” y que antagonizan en el mundo del Islam entre chiíes y sunitas, pero también porque hay estados en disolución como Afganistán; e incluso Pakistán por la irresponsabilidad de las cien familias pudientes que lo controlan con un arsenal de 200 bombas nucleares listas para destruir India, mientras esta dispone del doble para lanzarlas a su vecino. Pakistán cuenta con China de aliado y la India a Rusia de su lado. Para Kaplan mientras más conectividad se dé en Eurasia habrán más posibilidades de conflicto. Por ello China ahora es pragmática y busca la tolerancia en ese mundo de innumerables religiones y nacionalidades.

Kaplan menciona la estrategia de Washington de inicios del siglo XX de dominar los países del Caribe para someter el continente para enfrentar a otras potencias con fuerza. Por eso propuso en otro libro crear ahora un bloque económico mayor que el NAFTA que abarque todo el Caribe para enfrentar ese desafío asiático. Una América del Norte y aliada con el Caribe que incluye Centroamérica era su propuesta de largo aliento aceptada por la academia, pero ahora hay que esperar un cambio en la política de Washington para rescatarla incluso la imagen de EE. UU. Pues si bien Kaplan cree que los conflictos en Asia van a seguir y crear caos, el impulso chino, ruso e iraní seguirá sin rival. Cuestiona a la Casa Blanca por dividir el mundo sin hacer una propuesta constructiva frente a la dinámica de la Ruta de la Seda de Xi, sucesor de las ideas de Kublai Kan.

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