Martes 13 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Se restablece el contrapeso

Centroamérica será materia de fácil consenso en Washington.

— Edgar Gutiérrez
Más noticias que te pueden interesar

 

Los próximos dos años del mandato de Trump serán diferentes a los primeros dos. Su partido y él –que se involucró tan directamente, como pocos presidentes en el pasado, en esta campaña de medio periodo– han perdido el control de la Cámara de Representantes. El triángulo perfecto formado en las extrañas elecciones de 2016 se ha descompuesto. Los demócratas le pueden provocar desde su recuperada plaza enormes dolores de cabeza al gobernante, que lo desgastarían terriblemente. Desde obligarlo a presentar una declaración de impuestos sin ambages, hasta investigar negocios poco ortodoxos de su familia en países asiáticos, pasando por la célebre conexión rusa.

Las elecciones de medio periodo son tradicionalmente poco concurridas. Si al bolsillo de los electores les va bien (y ahora les va muy bien) el partido en el poder puede lograr cómodas ventajas. Como se sabe, el voto no es obligatorio, se convocan entre semana (martes) y los electores no gozan de asueto. Por tanto, gana quien logra movilizar bases, y en este caso fueron los demócratas. La Cámara de Representantes responde más directamente al voto popular, a diferencia del Senado y de la Presidencia de los EE. UU. Quiere decir que los demócratas alcanzaron su objetivo, y no fue una movilización cualquiera: mujeres, latinos, afroamericanos y, otra vez, las grandes ciudades y sus suburbios. Por eso la representación que llevan es más variopinta y progresista.

La recuperación de contrapesos en los EE. UU. tiene implicaciones para nosotros. Es factible volver al consenso de política para la región. La caravana de migrantes centroamericanos –que ahora va a la altura de la Ciudad de México– tuvo impactos paradójicos. Al inicio Trump la utilizó para echar leña a su fuego antiinmigrantes indocumentados y paralelamente lanzó su controversial iniciativa de negar la nacionalidad a los nacidos en los EE. UU. hijos de ilegales. Anunció el traslado de tropas para impedir su ingreso y hasta se vieron estimulados grupos civiles radicales y armados, dispuestos a la caza de inmigrantes de nuestra región.

Ante la cólera de Trump, se arrodillaron el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández y al despistado de Jimmy Morales, quienes complaciente e inútilmente se mostraron dispuestos a quebrantar los acuerdos de libre movimiento migratorio en la región. Pero, acto seguido, Trump la emprendió contra las oligarquías del triángulo norte y los políticos corruptos. Los responsabilizó del fracaso de sus países y del éxodo masivo de sus pobladores. No es la primera vez que los cita en esos términos. Lo hizo al argumentar las razones para revisar los tratados de libre comercio. Básicamente dijo que fueron negociados solo para favorecer a las elites ya privilegiadas. Ahora fue más al detalle citando propiedades, cuentas e inversiones diversas en varias ciudades de los EE. UU.

Esto quiere decir que si la nueva relación de fuerzas en el Congreso quiere abrirse a acuerdos –que es lo típico en Washington– una de las materias fáciles será la lucha contra la corrupción y la impunidad en el cono norte de Centroamérica. Y frente a lo que viene haciendo el propio Senado, las NN. UU. a través de la CICIG y el MP, no hay alternativa. Por ahora lo que corresponde es recuperar la gobernabilidad de las instituciones que el Pacto de Corruptos desestabilizó. Solo esperamos que los operadores profesionales del Departamento de Estado permanezcan en sus sitios y no se desesperen ante las insensateces del pasado inmediato –tal como ocurre en Guatemala con Sandra Jovel en la Cancillería.

Etiquetas: