Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El sueño del migrante

Cada uno en su hogar, en su calle, en su barrio, en su pueblo.

— Méndez Vides
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La migración ya no se presenta como una aventura, sino quiere imponérsenos como un derecho. En el mundo antiguo, los guerreros saqueaban ciudades amuralladas, amparados en el derecho de conquista, pero la civilización ordenó y puso reglas, se crearon las fronteras físicas, que para los países es como los muros que separan casas. Cada uno en su hogar, en su calle, en su barrio, en su pueblo, en su país, en su continente. Todos podemos entrar a otro hogar que nos abra sus puertas, pero no se entendería bien si mañana alguien ocupara a la fuerza mi lugar en la mesa. El país es como el espacio geográfico en el cual podemos desenvolvernos con cierta propiedad, y por eso nos sentimos cómodos, en confianza, con derechos y obligaciones. Los demás países no tienen porqué recibirnos en su patio ni en su sala, a menos que exista alguna  conveniencia de doble sentido.

La caravana de hondureños no está huyendo de un cataclismo, ni de una guerra, ni de una peste. Van en busca de lo que les gusta, porque ni siquiera les pareció bien la oferta mexicana; quieren más, están muy claros, desean acceder al mundo de la prosperidad. En los Estados Unidos hay hidroeléctricas, generación nuclear, minas, carreteras privadas, y a los infractores se los castiga con fuerza, porque aplican la pena de muerte y son severos con quienes no pagan impuestos. Todos tienen que aportar. Así se convirtieron en el país más poderoso del mundo.

Aquí somos muy de avanzada, o lentos, porque nos oponemos a todo lo que significa riqueza. Construir un camino de beneficio colectivo implica años de negociación y lucha contra bloqueadores. Las minas se cierran porque a una ONG internacional le parece que Guatemala debe preservar el paisaje de campesinos desnutridos, que mueren en cerros sembrados de maíz escuálido sobre una tierra rica. Se obstaculiza la generación hidroeléctrica, porque es mejor seguir dependiendo de quienes nos venden búnker. Y cuidadito se castiga a un violador, secuestrador o asesino, porque nuestra corrección moral lo impide. Aquí tenemos derechos, pero partimos desesperados en caravanas hacia el paraíso donde las leyes sí se cumplen, y hay trabajo.

Es un asunto de mentalidad. La caravana de hondureños hace evidente lo que quiere la población. Los migrantes van sufriendo, mendigando, caminando con ampollas en los pies, arriesgando a sus hijos por trabajo, oportunidad, educación, porque aquí todo está detenido por la acción de minorías obcecadas.

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