Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Las sombras

Vilipendiar las reglas democráticas no puede llevarnos a ningún sitio.

— Anabella Giracca
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Los vientos oscuros se expanden en territorio continental. Como sombras. Al parecer, una amenaza neofascista está aflorando de las tierras menos pensadas. La democracia de Brasil, el mayor país latinoamericano, corre serio peligro y no es de ignorarse. Esta vez no consiste en un golpe liderado por militares, como solía ocurrir en tiempos pasados, sino del resultado de la recientes elecciones. Los discursos y mensajes de Bolsonaro (presidente electo), llenos de odio contra la izquierda y de confesas convicciones antidemocráticas, racistas, misóginas, homofóbicas han despertado reacciones de múltiples sectores que ven en este ejemplo uno más para manifestar sus más altas preocupaciones. Son, sin duda, las violencias urbanas una amenaza para la mayoría de pueblos latinoamericanos, pero solucionarlas con más violencia y desgarramiento no es para nada ninguna solución. A estas alturas, vilipendiar las reglas democráticas no puede llevarnos a ningún sitio más que a uno habitado por sombras, donde las dictaduras y atentados contra la humanidad seguirán gobernando. Es de más sabido que el desprecio por los derechos humanos y el odio a las minorías no hace más que encarnar la barbarie y elevar la oscura victoria del prejuicio, la discriminación y la intolerancia. Y el menosprecio a todo aquello que represente diversidad.

Juan Villoro, escritor mexicano se refiere a este caso: “Estamos ante una ascensión de la irracionalidad política que nos obliga a pensar que Hitler llegó democráticamente al poder”.

De igual manera, Adolfo Pérez Esquivel, en una reciente entrevista de El País (24/10/18), declara: “Algunos dicen que la humanidad perdió la capacidad de asombro, pero creo que no es así, creo que se perdió la capacidad de reaccionar frente a los acontecimientos que nos desbordan, y eso tiene que ver con la falta de conciencia crítica, de coraje y decisión para enfrentar las políticas y mecanismos de dominación”.

Efectivamente el mundo de la imagen montada, de lo verosímil y de la falsedad nos han orillado a tomar desafortunadas decisiones, que para nada están garantizando democracia ni bienestar colectivo (¡aló Guatemala!). Asunto que habrá que reflexionar con más cuidado y detenimiento.

Lo que sí, es que jamás debemos de olvidar que el racismo y todo tipo de exclusiones no son más que mecanismos perversos que unos usan para garantizar el poder; para prevalecer en su hegemonía e ir más lejos en sus barbaridades, unas que llegan a extremos terroríficos como justificar el hambre, la pobreza y la desigualdad.

Bien lo dijo Luther King: “No me preocupa el grito de los violentos, sino el silencio de los buenos”. Y como decimos en esta bella tierra: “pan para tu matate”.

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