Jueves 5 DE Diciembre DE 2019
Opinión

Reflexiones sobre el escenario electoral 2019

La incertidumbre que se cierne sobre el escenario electoral.

Fecha de publicación: 30-10-18
Por: Phillip Chicola

 

En medio de la incertidumbre que reina en el ambiente político, una pregunta recurrente aparece en todos los foros y mesas de discusión: ¿cómo se vislumbra el panorama electoral 2019?

La respuesta es compleja. Probablemente nunca en la historia democrática del país llegamos a un punto de tanta cercanía al evento electoral (poco menos de ocho meses de la primera vuelta) con tantas dudas y tan pocas certezas sobre el escenario político.

La adopción de un nuevo calendario electoral es quizá la modificación menos discutida y sus efectos serán importantes. Primero, porque modifica toda la temporalidad del proceso. Reduce el período efectivo de campaña de marzo a junio 2019. Y plantea la posibilidad de una extensa transición, de agosto a enero 2020. En países con transiciones prolongadas (como ocurre en México), el efecto es una aceleración del poder efectivo del gobierno saliente, y una focalización de la atención pública en el nuevo gobierno, sus equipos y actuaciones políticas.

Segundo, la reforma del 2016 llevó a un cambio sustantivo en las reglas del juego sobre acceso a medios de comunicación. Bajo la nueva fórmula, el acceso a medios será equitativo y los partidos con más recursos financieros ya no tendrán la libertad absoluta de contratar pauta mediática. Esto, políticamente, implica que los candidatos con “menor nivel de conocimiento” no solo tendrán menos tiempo para darse a conocer, sino además, no tendrán un acceso ilimitado a pauta mediática para levantar sus niveles de conocimiento.

Dicha normativa está en proceso de impugnación constitucional, por lo que existe la interrogante de si la elección 2019 se regirá bajo las nuevas reglas de acceso a medios, o las tradicionales.

Por si fuera poco, los partidos políticos se enfrentan a un electorado escéptico y desencantado con la oferta electoral. Una encuesta de mayo pasado reveló que los partidos políticos son los actores con menos nivel de confianza ciudadana, con un magro diez por ciento de credibilidad.

El problema no solo es de aceptación social, también de estrategia. Los partidos se enfrentan a la disyuntiva de cuál será la tónica del proceso electoral 2019. Y esto, como consecuencia de todos los paradigmas que se rompieron en el 2015. Por ejemplo, antes de 2015, existía una correlación –casi perfecta– entre el gasto de campaña y la victoria electoral. Ganar elecciones implicaba gastar mucho. También implicaba contar con apoyo irrestricto de la televisión abierta. Y más relevante aún, requería de maquinarias y organización territorial, generalmente aceitadas vía clientelismo.

Los partidos también se apegaban a una receta de crecimiento. Recurrían al modelo de franquicias para fortalecer sus marcas. Las agrupaciones en proceso de crecimiento fichaban (cuales equipos de fútbol en pretemporada) a los caciques municipales y distritales que les aseguraran mayor caudal electoral. Sin embargo, muchos de esos caciques hoy son sujetos de persecuciones judiciales, o, en el caso de algunos diputados, con la prohibición de sumarse a otros partidos. Por todo lo anterior, el mercado de fichajes y el modelo de franquicias, parece estar en aprietos. Y por si fuera poco, la expectativa es que la campaña 2019 será austera. Dados los casos recientes de financiamiento electoral ilícito, aunado a un nuevo marco regulatorio y un Tribunal Supremo Electoral con mayor capacidad de fiscalización, seguramente llevará a una contracción en la disponibilidad de recursos para la campaña.

La sumatoria de lo anterior arroja una conclusión evidente. Para la campaña 2019 la capacidad de movilización “de tierra” quedará supeditada a la relevancia del candidato. Y dadas las limitaciones que se vislumbran sobre el acceso a recursos, la posibilidad de acrecentar el nivel de conocimiento de un candidato en lo individual, será baja. En este contexto, los candidatos que ya cuentan con un nivel de reconocimiento alto, con valoración positiva en términos de simpatía entre el electorado, entrarán con la mayor ventaja competitiva de cara a 2019.