Martes 26 DE Marzo DE 2019
Opinión

Memoria, verdad y justicia a través del cine

Ese sentimiento es el que pareciera envolver a toda la generación de posguerra.

— María Aguilar
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El terreno en el que una sociedad y un Estado establecen una narrativa coherente con su pasado reciente se convierte muchas veces en un espacio de lucha. Es decir, definir la historia y la memoria colectiva de un conflicto o una guerra se torna en un nuevo conflicto, pero uno con mucho más peso ya que es la narrativa oficial, la memoria pública de un país o un Estado la que define las políticas futuras, así como el acceso a la justicia. Sí la narrativa oficial escoge el olvido, es seguro que la impunidad reinará y que los problemas del pasado resurjan nuevamente.

En Guatemala, las discusiones sobre las políticas de la memoria son escasas y parecieran efímeras. La narrativa del Estado ha sido una que ha priorizado el olvido, el silencio y la impunidad. Por eso celebro los ciclos en los que el festival de cine Memoria, Verdad y Justicia se ha realizado en Guatemala, porque es un aporte, desde el cine documental. Este año, la décima edición se inauguró el miércoles pasado en la capital y en los próximos meses se convertirá en un festival ambulante que concluirá en abril de 2019.

Un factor común dentro de algunos de los documentales de esta muestra fue el ser dirigidos por mujeres de la generación de la posguerra centroamericana. El documental de la periodista nicaragüense-salvadoreña Marcela Zamora, titulado Los Ofendidos, que abarca de una manera increíblemente íntima, dolorosa pero también honesta el tema de la tortura en El Salvador, concluye con ella, diciendo que, a pesar de haber nacido en la posguerra nunca había conocido la paz y que, en cambio, se sentía sumergida en un nuevo conflicto.

Ese sentimiento es el que pareciera envolver a toda la generación de posguerra. Un sentimiento que lleva a la pregunta constante ¿y cuándo tendremos paz? Pregunta que seguirá en el aire mientras la impunidad reine y sobre todo mientras las condiciones que llevaron a los conflictos –que no fueron ideológicos como se ha querido reducir en las narrativas oficiales de los países centroamericanos, donde los políticos y las elites culpan de todo al comunismo– sigan presentes ahogando a las mayorías de la población.

Es extremadamente valioso observar las múltiples maneras y medios a través de los cuales la generación de la posguerra aborda el pasado de los padres y de los abuelos. Un pasado de guerras que no se vivieron presencialmente pero cuyo legado marca a las generaciones actuales. Aunque también es necesario estar conscientes de los privilegios individuales de quienes tienen el poder de narrar historias sabiendo que los más golpeados del pasado siguen siendo los más desposeídos del presente y quizá nunca, serán ellos los que puedan sentarse en una sala de cine a ver como el pasado insiste en repetirse.

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