Sábado 23 DE Marzo DE 2019
Opinión

“El Triángulo de Escuintla”

Estado, Capital y Trabajo.

— Francisco Roberto Gutiérrez Martínez
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El 27 de Mayo de 1945, dos meses después de asumir como presidente de la República el doctor Juan José Arévalo, se inauguró en la Ciudad de Escuintla lo que se denominó como el “Primer Congreso de Economía Regional” o “Triángulo de Escuintla” denominación asignada por los tres grupos representados en la actividad: Estado, Capital y Trabajo; cuyo propósito fue realizar una planificación general de desarrollo económico, una “auscultación”, como le llamó el Presidente, y al cual fueron previamente convocados: obreros, campesinos, profesionales, universitarios, empresarios y representantes del Gobierno, incluido el Ejército. Paralelamente al Congreso de Economía Regional se realizó un Censo Nacional, que permitiría contrastar las realidades concretas del estado de la Nación con las expectativas de los ciudadanos. Fue, finalmente, todo un ejercicio de participación en el que se escuchó a los diversos sectores que aportaban a la producción nacional, especialmente del territorio que abarca los departamentos de Escuintla, Suchitepéquez, Retalhuleu y Santa Rosa, probablemente los más productivos en términos agropecuarios del país en su momento. En total participaron representantes, electos por cada comunidad, de 44 Municipios de los mencionados departamentos. Y aunque se denominó como el “Primer Congreso”, ya no hubo necesidad de convocar un segundo, pues la información recuperada de aquel primero fue suficiente para la posterior gestión gubernamental.

Cuando se inauguraba el Congreso indicado el Mundo estaba aún en guerra, pues no fue sino hasta cuatro meses después, el 2 de septiembre, cuando se firmó la Paz en un acorazado en la bahía de Tokio. Guatemala, bajo el mando del general Jorge Ubico, también había declarado la guerra a Alemania y a Japón. Por esta razón, el presidente Arévalo se mantuvo, según sus palabras: “alejado de aquella sociología belicista, para sostener una prédica que favoreciera a los humildes, sin destruir a sus educables explotadores”, facilitando una asamblea de capitalistas y trabajadores que vinieran a discutir sus problemas (y los del país) frente al Estado tutelar.

La organización y dirección del Primer Congreso de Economía Regional estuvo integrada por Augusto Charnaud Macdonald, J. Antonio Reyes Cardona, César Solís, Guillermo Fernández, Horacio Alejos, Mario G. Zachrisson, Jorge del Pinal, Salvador Saravia y Raúl Sierra Franco; todos ellos reconocidos profesionales que lograron unas discusiones alejadas de posiciones sectarias extremas y de discursos doctrinarios. En la inauguración del Congreso participaron, además del presidente, el presidente del Congreso licenciado García Granados, y el gobernador de Escuintla, coronel Enrique Valladares, quien quedó como vicepresidente del Congreso por su capacidad demostrada durante la organización del evento.

Los temas discutidos fueron: distribución de la tierra, educación, salarios, legislación, alcoholismo, justicia social, trabajo de la mujer, defensa del niño campesino, transportes, créditos, electrificación, agua potable, vivienda, asistencia médica, nuevos cultivos, derechos sindicales, previsión social, fomento de la industria, edificios escolares, mejores maestros.

El Congreso duró seis días, habiéndose concluido con setenta y seis “recomendaciones” que sirvieron al Ejecutivo para su futuro accionar; entre esas recomendaciones vale destacar algunos resultados concretos: el Código de Trabajo y el Instituto Guatemalteco del Seguro Social, como ejemplos. Las recomendaciones y el discurso oficial fueron leídos por el mayor Javier Arana, más tarde candidato presidencial (gozaba de mucha popularidad), tristemente asesinado en un confuso incidente previo a las elecciones en que fue electo el coronel Jacobo Árbenz.

Este Primer Congreso de Economía Regional fue, en palabras del doctor Arévalo: “un triángulo de poderes sociales armonizados en busca del mejor camino para tranquilidad de todos y para la grandeza del país, ¡sin lucha de clases!”.

Hoy es recomendable un ejercicio como el que se produjo en 1945, en el que se discutan los temas álgidos que nos tienen en un estado de parálisis crítica, promoviendo para ello un diálogo respetuoso como recomendaba el doctor Juan José Arévalo: “sin estigmatización, evitando la confrontación entre sectores que tanto daño ha causado a la sociedad y el país.” Son varios los grupos sociales que lo han sugerido; urge que el liderazgo nacional asuma la responsabilidad histórica.

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