Viernes 23 DE Agosto DE 2019
Opinión

Las políticas de “aspirina”

Para tratar sistemas con metástasis.

Fecha de publicación: 22-10-18
Por: Édgar Gutiérrez

 

Según la teoría conspirativa, la inmensa columna de migrantes que partió de Honduras, atravesó Guatemala y se filtra por México, tiene como propósito despertar miedos entre el electorado estadounidense que deberá acudir a las urnas el próximo 6 de noviembre. La amenaza de “invasión” desde el Sur de los descamisados –de acuerdo a esta versión- inclinaría el voto a favor de los republicanos, que estarían por perder el control de la Cámara de Representantes y del Senado, dando aliento a las inflamadas voces xenófobas que comanda el presidente Trump.

No sería la primera vez que se estimulan los miedos externos (entre más cercanos, mejor) para influir sobre las conductas internas de un pueblo dividido y desorientado. Hace apenas dos años se responsabilizó a la trama rusa de interferir en los comicios que dieron el triunfo, contra todo pronóstico, precisamente a Trump. Y las investigaciones judiciales en marcha van dando sustento a esa sospecha.

Pero lo que no es conspiración ni invento, es el rotundo fracaso de las sociedades de la subregión norte de Centroamérica. Sin manifestaciones de guerras abiertas, ni de existencia de estructuras terroristas o posesión de armas nucleares, los tres países habían sido declarados por Washington (marzo 2015) como “la quinta amenaza” global a la seguridad nacional de los Estados Unidos, después del Estado Islámico, la guerra Rusia-Ucrania, Irán e Irak. La disfuncionalidad socioeconómica (que deja afuera a ocho de cada diez jóvenes que ingresan cada año a la fuerza laboral), exacerbada por la violencia armada no convencional, el crimen y la corrupción tuvo claramente implicaciones para la seguridad internacional.

Las respuestas que se intentaron desde entonces, vertebradas en el Plan Alianza para la Prosperidad, han sido a todas luces inapropiadas e inconsistentes. Inapropiadas porque el Plan está concebido como reiteración elevada a la “ene” potencia (con el engrase ilusorio de 20 millardos de dólares) del modelo que ha naufragado. E inconsistentes porque a las condicionalidades de la ley de Asignaciones Globales aprobadas por el Capitolio (las cuales al menos tocaban terminales estratégicas del sistema, como el fortalecimiento del Estado de derecho), se les debilitó desde la propia Casa Blanca, haciéndose de la vista gorda con los abusos e ilegalidades de los regímenes de Juan Orlando Hernández y Jimmy Morales, dos monumentos vivos a la impunidad y al fracaso de sus sociedades.

El doloroso drama de los migrantes del norte de Centroamérica, escenificado en la caravana que ahora atrae la atención del mundo entero, pudo haber sido concebida y patrocinada con fines aviesos, pero es real. Poco importa si será capaz de gobernar el voto de los asustadizos en los EE. UU. que, de todos modos, desnuda el fracaso de los sistemas oligárquicos y de las políticas de “aspirina” para el tratamiento de sistemas con metástasis. Las violencias han provocado decenas de miles de refugiados y desplazados internos (como durante las guerras civiles hace 40 años), sin atención. Desde hace diez años las tasas de homicidios en la subregión superan a las de los países en guerra. El pan nuestro de cada día son los enfrentamientos entre maras, el sangriento control de las rutas de drogas y el gobierno de facto que los grupos criminales ejercen en las cárceles, desde donde organizan extorsiones y secuestros. Los espacios de protección social son ahora de riesgo: en el hogar ocurren violencias y toda clase de abusos, y las escuelas son centros de reclutamiento de grupos criminales. Y las economías anegadas por el “mal holandés” y las “inversiones golondrinas”. Así, ¿son habitables estos lugares?