Martes 13 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Enfoque ¡El precipicio! … cuidado con dar un paso al frente

Algunos pueden estar contentos por la situación y rumbo que está tomando el país, pero aquí se trata de un “gana-pierde”..

— Gonzalo Marroquín Godoy
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Vivir como periodista momentos y situaciones que forman parte de la historia reciente deja algún grado de experiencia y se desarrolla cierto olfato para poder anticipar –sin ser Urbano Madel ni tener bola de cristal–, lo que está por venir. Cada Gobierno o legislatura, sin excepción, han enfrentado –casi siempre provocadas por ellos mismos– crisis de diferente índole.

En mi caso, vengo viendo situaciones críticas o muy complicadas desde los años setenta, cuando se inicia un periodo de gobiernos militares: primero Arana (1970-74), Laugerud ( 1974-78) y Lucas García (1978-82). Luego vinieron los golpes de Estado que llevaron al poder a Ríos Montt (1982-83) y a Mejía Víctores (1983-1986).

Ya en la llamada era democrática, Vinicio Cerezo superó intentos de golpe de Estado –al menos dos–, al tiempo que empiezan a salir a luz actos de corrupción que, en comparación de lo que luego hemos visto, no era más que el inicio de un comportamiento perverso que fue creciendo como bola de nieve.

Jorge Serrano ni que decir, con el famoso Serranazo; Arzú con las vergonzosas privatizaciones; Portillo con desborde de corrupción robando dinero en efectivo y así sucesivamente, hasta llegar a 2015 con el primer ataque frontal contra aquella galopante corrupción que llega a cooptar todas las instituciones del Estado. Los diferentes congresos fueron cómplices y también artífices de escándalos, como aquella aprobación del caso conocido como Guategate, en el que bajo las órdenes de Ríos Montt se modificaron las tasas impositivas aprobadas a la medianoche, sin contar con la fiscalización que realizaba la prensa, que descubrió el amaño parlamentario, como luego descubrió las triquiñuelas del famoso Pacur, que servía para comprar los votos de los diputados.

En el fondo, la institucionalidad se ha ido desgastando cada vez más, hasta llegar al punto en que nos encontramos ahora, a un paso del precipicio –sin ser dramático, ni pesimista–. El presidente Jimmy Morales, el Congreso y quienes los rodean y respaldan, están empeñados en volver a la vieja política, esa que ha demostrado hasta la saciedad ser la responsable de que el país permanezca como siempre, con rezagos sociales gigantescos: pobreza, desnutrición infantil, mala educación y salud pública, falta de oportunidades y, en términos generales, negando la posibilidad de alcanzar un desarrollo integral.

Para eso, nada mejor que fortalecer la mediocre partidocracia, esa que se nutre de partidos corruptos y al mismo tiempo debilita las instituciones. Se trata de eliminar los contrapesos que hacen que la democracia pueda ser funcional. Esto claro, repercutirá en el corto y mediano plazo. Esos contrapesos que se quiere o están debilitando son, en primer lugar la incómoda CICIG, –que ha descubierto demasiados casos de corrupción y resulta la principal piedra en el zapato­–, así como desgastar o cooptar a la CC, salir del Procurador de los Derechos Humanos, debilitar a la prensa independiente, al tiempo que se robustece a la prensa aliada que no quiere cambios –principalmente Ángel González y sus canales–, entre otros.

El poder se está concentrando en torno al Presidente con el Ejército, el MP y buena parte del sistema de justicia, el Congreso, la embajada estadounidense –¿soberanía?– y la Contraloría General de Cuentas, para citar algunas de las instituciones que se vuelven disfuncionales al responder a intereses particulares y no a los generales, como debiera ser.

La mayoría de partidos políticos está, como dicen los patojos, en la jugada –pero en la de ellos, no en la que el país necesita–, lo que anticipa que el proceso electoral que tenemos a la vista será complejo, porque la finalidad es que gane el que pueda garantizar que todo seguirá igual.

Lo que trato de advertir o adelantar, es que, si ya estamos al borde del precipicio –léase desastre–, dar un paso será caer al fondo, en donde recuperarse será más difícil. Me parece que quienes hoy piensan que están ganando, entenderán –tardíamente–, que en realidad todo este juego de Jimmy y compañía es en realidad un gana-pierde. Lo peor, es que todos perdemos y Guatemala también.

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