Lunes 20 DE Mayo DE 2019
Opinión

La soberbia nos gobierna

Pero siempre cae de donde subió.

Fecha de publicación: 18-10-18
— Edgar Gutiérrez

 

Nicolás Maquiavelo solía decir que los hombres soberbios y viles se mostraban insolentes y abusadores cuando tenían la sartén por el mango. En cambio, sin el poder, eran abyectos, cobardes y sumisos. No hay descripción más exacta de Jimmy Morales y el trío que le acompaña, Enrique Degenhart (Mingob), Mario Duarte (Sie) y Sandra Jovel (Minex). ¿En qué cimientan su altanería ciega, si es obvio que encarnan el mayor bochorno de gestión de Estado en más de un siglo? Es la razón por la cual, como nunca, los servicios públicos esenciales están en ruina, la migración se ha disparado y la inseguridad y la anarquía se extendieron a todos los rincones.

Jimmy Morales y su orquesta no tienen otra causa que su guerra contra la CICIG y contra cualquier institución que, como la CC y la PDH, opere con autonomía para reforzar el Estado de Derecho y la lucha contra la corrupción y la impunidad. Saben que esa guerra contra el Estado de derecho la libran por ellos, pero también por las elites que pertenecen al statu quo. Si por arte de magia la CICIG desapareciera hoy, Jimmy Morales y su orquesta se quedarían solos, sin causa ni justificación. Su implosión sería inmediata.

Sin el abrigo del statu quo que, en realidad, aunque lo desprecia, lo necesita, Jimmy Morales y su orquesta tendrían la calificación elitista que exhiben todas las encuestas de opinión: es el “peor gobierno de la historia”, “el más corrupto”. En casos de conveniencia como el actual, el statu quo procura estar cerca del presidente por una razón ya conocida: si él triunfa, levantarán su mano y lo celebrarán, pero si fracasa le darán el último empujón buscando flotar, como ocurrió en septiembre de 2015 con Otto Pérez.

Los soberbios son necios y poco inteligentes, alucinan, pierden las dimensiones de la realidad y se vuelven peligrosos, por inestables. Como me decía mi abuela, “no hay peor amenaza que un tonto con poder”. Que la flauta le suene al burro, es más frecuente de lo que pensamos. Los soberbios, en efecto, han sintonizado con lo que la periodista Eliane Brum califica como los “tiempos brutos” que se viven en el mundo (El País, 09/10/18).

Conectaron con el populismo y aislacionismo de Donald Trump, a través de un par de senadores fundamentalistas con derecho de picaporte en la Casa Blanca. Y enroscaron con la zona más conservadora que ahora gobierna el Estado de Israel, alejada enteramente del espíritu de sus fundadores hace 70 años. Además, refuerzan su altanería en el statu quo local, despreciando a la prensa independiente, la sociedad civil y la comunidad internacional que históricamente coopera con el país.

La soberbia no es grandeza –decía San Agustín– es hinchazón; parece grande, pero es insana. Construye la arquitectura al revés –solía recordar Francisco de Quevedo–, los cimientos están arriba y los techos abajo, por eso siempre cae de donde subió. Es lo que le ocurrirá dentro de pocas semanas a Jimmy Morales y su tropa. La insolencia de pedir impuestos al cuerpo diplomático y que deposite dinero en efectivo para atender a los damnificados del volcán de Fuego, fue el inicio del desconcierto. Ante la mirada atónita de los expertos, siguió con la gran mentira en Washington sobre los cien terroristas capturados y deportados. Concluye su jornada del pasado fin de semana con la superflua revocación y no renovación de visas de funcionarios de la CICIG, el colmo de la obstrucción de la justicia. No digamos la impreparación de la Cumbre Iberoamericana que deberá celebrarse dentro de un mes en Antigua. Sin duda, Jimmy Morales es el rey de los hunos.

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