Miércoles 18 DE Septiembre DE 2019
Opinión

Enfoque Muchos agobiados … otros lo estarán

Agobian los discursos presidenciales, los pleitos, los diputados, la economía y los precios de la gasolina… y, sobre todo, agobia pensar en el futuro político del país..

Fecha de publicación: 13-10-18
Por: Gonzalo Marroquín Godoy

 

Me imagino que Scotland Yard –Inglaterra–, el FBI –Estados Unidos– o el Mossad –Israel– son algunas de las agencias de inteligencia y seguridad del mundo que envidian a nuestra PNC, superior a todas ellas en la investigación, persecución y captura de agentes-terroristas de ISIS, el grupo fundamentalista que hace temblar a esas y otras potencias de occidente.

Eso porque se enteraron, por medio del discurso del presidente Jimmy Morales en Washington el jueves, cuando reveló que las fuerzas de seguridad capturaron y deportaron (¿?) a cien terroristas de esa organización, un logro que seguramente impresionará al mundo o quedará simplemente como palabras exageradas, del gobernante de un país que vive agobiado por crisis constantes y un sistema que impide principiar –apenas– el camino que pueda llevarle, algún día, a su desarrollo integral. Esta famosa crisis política que vivimos se ha extendido por demasiado tiempo y el desgaste que está provocando no solo es agobiante, sino que nos mantiene en un laberinto en el que en cada esquina o recodo nos topamos con los problemas insolubles de siempre: mala educación, salud –el peor índice de desnutrición infantil crónica de la región–, pésimas carreteras y falta de infraestructura, cuando no conflictividad social de alta tensión.

Jimmy Morales, el otrora cómico de Moralejas, ha demostrado como presidente que puede ser un peleador callejero, capaz de enfrentar no a uno, sino a varios rivales al mismo tiempo. Principió con Iván Velásquez, pero en el camino la ha emprendido contra la ONU y su secretario general, António Guterres, y ahora contra la CC, a la cual está dispuesto a desafiar de inmediato y hasta desquebrajarla si es necesario.

El mandatario se ha convertido en el eje central de todo un movimiento –respaldado por grupos de poder– para hacer que en el país continúe el statu quo que ha imperado desde hace décadas, controlado por la clase política, la misma que ahora prepara el proceso electoral de 2019, con el fin de que no hayan opciones de cambio, sino que se tenga que votar por el menos malo, que además no represente peligro para el sistema político imperante.

En el Congreso, los diputados enmarcados dentro del Pacto de Corruptos, siguen trabajando en la aprobación de leyes a su medida y esperan aprobar más reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP), las cuales, me temo, seguirán creando confusión y, lejos de mejorar el sistema, lo hacen más ad hoc a sus intereses. La Constitución –esa a la que cada vez se respeta menos, aunque se invoca más– nos garantiza la alternabilidad en el poder, pero esa clase política se ha encargado –desde hace mucho tiempo–, de convertirla en algo relativo, puesto que se cambia presidente y partido político, pero sin que haya cambios de fondo. Por eso, en vez de mejorar, estamos igual o peor cada cuatro años. Ahora resulta que el presidente quiere un endeudamiento por US$15 mil millones –¿cómo invertirlos sanamente, si no han tenido capacidad de invertir, ni hay proyectos específicos?–, lo que significa una deuda de Q114 mil millones para las futuras generaciones, pero en inversiones sin ton ni son. Menos mal que no le darán ese dinero a don Jimmy.

En fin, hay que estar agobiados porque se está terminado con el sistema republicano democrático de pesos y contrapesos. Quieren terminar con la CC y la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), dos instituciones del Estado que juegan ese papel de controlar los abusos. ¿Es buena la concentración de poder? Muchos estarán de acuerdo con que se haga esto, pero hay que recordar aquello de que el poder absoluto corrompe absolutamente.

En Nicaragua, para usar un ejemplo cercano, fueron muchos los que sabían que Daniel Ortega no era el político ideal, pero estuvieron de acuerdo en la consolidación de su dictadura, pensando en los beneficios para ellos. Ahora están más agobiados que nosotros. La democracia no funciona por medio del agobio o la asfixia, por más que por momento parezca que los agobiados son otros. Hay que generar oxígeno para el sistema, porque lo que están haciendo es contrario a lo que el país necesita. Se requiere respeto, transparencia, respeto al Estado de Derecho, Justicia y oportunidades. Se debe hacer que las instituciones democráticas funcionen como tal. La concentración de poder solo nos puede llevar a más corrupción, impunidad y más de lo mismo.

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