Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La lucha contra CICIG de los oscuros ha sido constante (II)

Envalentonado, Morales atacó a la misma ONU y a su Secretario General por avalar a don Iván.

— Fernando González Davison
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Para corregir las declaraciones de apoyo a la lucha contra la corrupción del embajador Robinson, Morales en compañía del Nuncio y el Canciller, cuestionaron su presencia por interferir en los asuntos internos del país.

Y luego atacó al comisionado de la CICIG cuando empezó a investigar el financiamiento ilícito de varios partidos, entre ellos el partido oficial en la última campaña electoral. Morales se enervó cuando los militares que lo llevaron a la presidencia se dieron a la fuga perseguidos por la ley, lo que creó aún mayor animadversión contra don Iván y doña Thelma Aldana, ln dúo justiciero.

En lugar de diagramar una estrategia nacional de desarrollo, Morales y su gobierno se focalizaron en responder a los intereses oscuros que lo llevaron al poder, que era los mismos del Partido Patriota y la clase política en general, para proteger al sistema. Los asesores de Morales politizaron a la cúpula castrense en apoyo a su gestión (con el bono de Q50 mil para él), y a resucitar al enemigo interno: el pueblo en su expresión despectiva del término: la chusma campesina, los bandoleros izquierdistas, los manifestantes inconformes. Eso se fue traduciendo en la militarización de la política y la politización del ejército a un tiempo, contrario a los Acuerdos de Paz avalados por la ONU y la comunidad internacional, que tanto ayudaron a nuestra paz. Los militares en retiro apuntalaron a quienes han capturado el Estado desde los años de contrainsurgencia, junto con la elite y la clase política de turno hasta la fecha. Estos militares cercanos a Morales y algunos intelectuales orgánicos de la elite tradicional se centraron casi con exclusividad en atacar a don Iván Velásquez y el ente que lo auspiciaba: las Naciones Unidas. El sistema mandó a empresarios y diputados a cabildear en Washington en esa dirección con el argumento que don Iván se inmiscuía en los asuntos domésticos, pero no tuvieron eco. Pero continuaron sus esfuerzos y armaron su burda estrategia para declarar a don Iván persona non grata bajo los términos de los Convenios de Viena, que no se aplicaban a él, teniendo un distractor una consulta a Belice, para crear un factor positivo de unidad alrededor del presidente Morales, mientras atacaba a la CICIG.

Apurada, porque en ese momento no existía ya la Comisión de Belice, cerrada desde 2013, y se tuvo que andar a marchas para crear la Comisión de Soberanía en Cancillería con personajes ajenos al tema para darle apariencia de seriedad. Se apuró al Congreso a que aprobara la consulta popular, basada en un convenio espurio firmado con Belice repetidas veces desde 2008, contrario a los intereses nacionales, como escribí varias veces.

Como falló su objetivo de declarar persona non grata a don Iván, por una resolución clave de la Corte de Constitucionalidad, que no lo permitió, continuaron aquellos cabildeos en Washington, a fin de que el presidente Trump dejara de apoyar las acciones de la CICIG. Nuestros embajadores ante la ONU de Guatemala y Washington unieron sus energías oscuras para establecer contactos con los sectores evangélicos fundamentalistas y católicos conservadores (de Nikki Haley) que apoyaban a Trump. El resultado fue el traslado de ambos países de sus embajadas a Jerusalén para resfrío de la comunidad internacional. Envalentonado, Morales atacó a la misma ONU y a su secretario general por avalar a don Iván, a quien impidió su retorno a Guatemala. Ningún gobierno ha atacado tanto a la noble ONU que secundó nuestra paz. La Corte Internacional de Justicia, que es parte del sistema de la ONU, al resolver el diferendo de Belice no avalará nuestra posición por esa política oscura; y menos con un gobierno que acata la orden de la Corte de Constitucionalidad de permitir el ingreso de don Iván.

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