Sábado 20 DE Octubre DE 2018
Opinión

Certificar lo conducente

O la dignidad dejar el cargo.

— Helmer Velásquez
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Una de las acuciantes preguntas de hoy, en círculos ciudadanos es: ¿Qué pasa con Ministerio Público y Corte de Constitucionalidad? Porque callan cuando el poder mancilla la legalidad. La Fiscal “observa de cerca” y sin rubor, engaveta su mandato de actuar de oficio. La más alta corte guarda silencio. De Honorables a petrificados, ese parece ser el estatus actual. No pueden escudarse en que se han interpuesto recursos, eso queda al taciturno Jafeth. Los mismos magistrados han repetido en múltiples ocasiones: contra Sentencias del Constitucional. Lo único que cabe es aclaración y ampliación y ya aclararon. Ahora no se trata solamente del regreso del respetable Iván Velásquez –que es importante. Estamos frente a un Presidente de la República, en delito flagrante y continuado. Así que severidad en las ejecutorias magistrados. Morales desafió legalidad y a sus señorías. No tienen alternativa. Actúan o renuncian.

Es este el papel cardinal de los órganos de control estatal o no son útiles. Así que ustedes y el pueblo son los responsables de poner las cosas en su lugar: certificar lo conducente u operar de oficio. Lo demás es hacerse cómplices del agravio y sumar al deterioro institucional. Ya sabemos lo que cuesta recuperar credibilidad institucional. Con esfuerzo, el MP logró levantar imagen. Se le supone capaz de hacer las cosas bien. Eso pese a la caterva de fiscales venales que aún pululan en su seno. La Constitucional, ha pervivido con luces y sombras. Si bien ha tenido periodos con más sombras que luces. Ha marcado hitos de patriotismo y valor, que le han merecido reconocimiento ciudadano y un nivel aceptable de credibilidad. Lejos están los fallos a favor del difunto general genocida. Que, aunque enmendados a posteri, nos mostraron de lo que pueden ser capaces tribunos que se arrodillan frente a los poderes. La entidad, hay que decirlo, se reivindicó. Ahora de nuevo los poderes la acechan y el fango del desprestigio personal e institucional, está en sus jardines. Desterrarlo y enterrarlo dependerá de su actuación. La omisión de una “inocente” certificación. Puede dar al traste con la dignidad constitucional y hundirla en el fango del servilismo.

La sociedad organizada y miles de ciudadanos individuales pugnan por la construcción democrática de este país y confían en ustedes. No hay motivos para dudar de su entereza. Dependerá de los hechos jurídicos que de ustedes emanen, que esa confianza se mantenga o transforme en señalamiento. El rumbo es estrecho: certifican lo conducente o callan y agachan la cerviz.

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