Domingo 5 DE Abril DE 2020
Opinión

Quemando evidencia

Si uno quiere gobernar, y seguir gobernando, tiene que poder dislocar el sentido de la realidad. George Orwell: 1984.

Fecha de publicación: 10-10-18
Por: Edgar Balsells

 

Dice Guatescopio, una sección de Soy 502, el periódico que viene adentrándose en temas punzantes, que el incendio en la SAT podría afectar la investigación sobre Felipe Alejos. Extraño siniestro ese, cuando se trata de un edificio situado en la más moderna zona de negocios, y precisamente en los recintos en donde se guarda la papelería del controversial crédito fiscal. Como se sabe, las andanzas de los implicados en los sobornos para acelerar el crédito fiscal no son más que la continuación de los casos La Línea.

Y como la mente nos hace viajar, muy rápido, me recordé del caso vivido en carne propia cuando estuvimos al frente de la Intervención de Ferrocarriles de Guatemala –Fegua- y en seis meses preparamos el proceso de concesionamiento bajo la ley vigente de contrataciones, sin salirnos del comal y respetando la institucionalidad. Además empujamos la reparación de la ferrovía, llegando a las costas del Pacífico y arreglando los entuertos con las bananeras en el Atlántico.

Mi llegada, junto a un equipo de entusiastas conocedores, cada quien en su área, se produjo en un momento delicado, cuando Ramiro De León Carpio ya no aguantó la descoordinación entre el Interventor y la Presidencia, e interpuso una lesividad sobre uno de los tantos negocios públicos que se pueden hacer en cualquier entidad descentralizada, creada para un fin específico, pero que se encuentra como a la deriva, en ultramar, y peor si ni siquiera una Junta Directiva la controla, sino un Interventor que simplemente se echa el fierro para concesionar, conceder usufructos y demás.

Contando con la asesoría jurídica de buenos conocedores y amantes de los asuntos de Estado avanzamos en la preparación de la concesión, que al final el gobierno de Álvaro Arzú y particularmente Fritz García Gallont desecharon, con los resultados nefastos ya conocidos por los guatemaltecos, y que dicho sea de paso siguen sin solucionarse y sobre los cuales escribiremos con más fundamento un día de estos.

Viendo todos los entuertos de negocios chuecos, preparamos todo un memorando para la Presidencia y los órganos jurisdiccionales y me aboqué con el buen colega Luis Arturo Aguilar Solares –QUEPD-, en ese entonces contralor general de Cuentas, quien me ofreció el envío de un equipo de elite para llevar a cabo investigaciones especiales y deslindarnos de responsabilidad alguna.

Empezando la mañana de un lunes laboral de noviembre un grupo de corruptos, seguramente también trabajadores de la empresa, la emprendieron con arte piromaníaco, como era tradición en la antigua IRCA cuando se trataba de esconder alguna evidencia de temas laborales delicados. En pocos minutos acabaron con las históricas instalaciones en donde se encontraba la elegante oficina de la Intervención, el Salón de Sesiones y principalmente los archivos de la Oficina Jurídica que guardaban las evidencias de los abundantes usufructos onerosos, figura esta que continuó siendo usada hasta hace poco tiempo, siendo necesaria la labor de CICIG y el anterior Ministerio Público para hacer salir la podredumbre.

En Fegua podría apostar que fue la gente de adentro, principalmente la que defendía el statu quo. Con respecto a la SAT, estaremos a la expectativa de que la verdad aflore, y la institución salga del marasmo de monjes cartujos, quienes bajo el manto de la delicadeza de su actividad y el respeto de la información íntima sobre impuestos, hacen de la secretividad un hábito y una forma de comportamiento.

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