Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La soberanía que Guatemala merece defender

Acá se quiere disfrazar de interés nacional la defensa de redes de corrupción.

— Manfredo Marroquín
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De acuerdo a nuestra constitución política, la soberanía reside en el pueblo, quien la delega en autoridades electas periódicamente para ser ejercida por representantes y funcionarios que asumen cargos en el conjunto de poderes e instituciones del Estado.

¿Pero qué pasa cuando las autoridades electas en lugar de responder al mandato popular dado en las urnas, usan el poder para defender intereses propios alejados de la oferta programática que el pueblo votó? La respuesta es obvia y a la vista de todos. Se genera descontento social que se traduce en inestabilidad y aumento de la ingobernabilidad. Mejor ejemplo que lo qué pasa con el actual gobierno no puede haber. Prometió hacer gobierno sin corruptos ni ladrones, pero el poder obtenido engañando lo usa para defenderlos y promover sus intereses.

Para darle carta de legitimidad a esa política de traición al mandato otorgado, aboga por la defensa de un concepto de soberanía obsoleto que asume que todas las decisiones que las autoridades electas toman, están investidas de legitimidad per se.

No solo no es cierto sino cínico. Las Repúblicas democráticas modernas promueven y buscan adaptar mecanismos de consulta ciudadana para la adopción de decisiones en temas de interés nacional y/o de alternancia del poder cuando el mandato concedido es traicionado, como ocurre con los referéndums revocatorios de mandato ya sean populares o parlamentarios.

La democracia en Guatemala se ha visto severamente debilitada por políticos y gobernantes mediocres que creen que haber sido electos, les da un cheque en blanco para hacer lo que les venga en gana y asumen que sus intereses están investidos de legitimidad y soberanía por solo ese hecho.

Una cosa es no cumplir con lo ofrecido electoralmente, pero otra más grave aún es hacer lo contrario de lo ofrecido. Los mejores ejemplos de defensa de la soberanía que encontramos en la historia es cuando todo un pueblo unido sigue a su líder o autoridad para defenderse de una amenaza interna o externa sobre la cual hay consenso.

Acá se quiere disfrazar de interés nacional la defensa de redes de corrupción y de soberanía los actos del gobierno de frenar y acabar con la CICIG, sobre la cual hay un apoyo mayoritario que llega al 70 por ciento según todas las mediciones de opinión realizadas. El discurso oficial de soberanía tendría asidero de legitimidad si en campaña el ahora presidente hubiera ofrecido expulsar a su comisionado y abolirla, pero el voto ciudadano se le dio porque ofreció apoyarla y mantenerla durante todo su mandato.

¿Qué unidad nacional puede representar un mandatario que hace todo lo contrario de lo que ofreció como mandato? Ninguna. En sus discursos Morales obvia decir que antes de su presidencia sí había un mandato ciudadano claro de lucha contra la corrupción que lo llevó al poder, y que ahora usa ese poder para disociar y dividir a la población respecto a ese interés que sí es legítimo y medible incluso puesto a prueba en su propia elección. Traigo a colación este tema porque durante  la agresión contra mi persona por el embajador colombiano la semana pasada, este me acusó violentamente de vende patria y de no respetar a mis autoridades, como si las mismas fueran ejemplo de promoción de un interés nacional legítimo y defensa de soberanía sustentada en el respeto de lo que la ciudadanía votó hace tres años.

Obviamente este embajador comulga ciegamente con el gobierno de turno en la defensa de una soberanía entendida como cheque en blanco, que además se ha quedado sin fondos como lo demuestra el apenas 15 por ciento que aprueba la gestión de este gobierno.

La soberanía que los guatemaltecos estamos dispuestos a defender mayoritariamente es la que derive de un mandato que actué en coherencia con lo ofertado al pueblo durante el periodo electoral y no la farsa y traición que buscan imponernos como si por ello hubiera votado la mayoría en las últimas elecciones.

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