Miércoles 26 DE Junio DE 2019
Opinión

Galileo Galilei

La mentira no ocultará jamás el peso de la verdad… porque todo se mueve.

Fecha de publicación: 05-10-18
Por: Carol Zardetto

Resulta fascinante la historia de aquellos tempranos observadores de las estrellas: Giordano Bruno, Nicolás Copérnico, Galileo Galilei. Hijos del medioevo, habían sido señalados por el destino para abrir las cortinas de un cuarto que necesitaba el ingreso de la luz y de la claridad. La Edad Media, arropada alrededor de un fanatismo religioso aplastante, se abría a nuevos valores con el Renacimiento, para rescatar la libertad humana de pensar, formar su propio criterio, de utilizar la razón.

En un mundo dominado por una fe dogmática y sin luces, la Iglesia de Roma ocupaba un sitial, no solamente sagrado, sino con inmenso poder político. La manera de manejar los hilos de aquel poder incuestionable era el dogma. Y cualquier violación se convertía en una acción herética. La Iglesia reaccionaba como lo harían siglos después aparatos de represión estatal.

Uno de aquellos dogmas era que el centro del universo era la Tierra, que permanecía inmóvil. ¿Era verdad la afirmación de que la Tierra era el centro del universo? No. ¿Era tan ignorante el cuerpo de estudiosos de la propia Iglesia para afirmar aquello? No. Durante la Edad Media, los monasterios centralizaban el conocimiento debido a que los curas eran básicamente los únicos que sabían leer. Así las cosas, la Iglesia no ignoraba la verdad. Pero se aferraba a esta mentira dogmática porque le resultaba conveniente. Controlar a la gente resulta fundamental para quienes gobiernan de manera despótica y, parte de este control, es manejar el espinoso problema de la verdad. Mentir ha sido una forma de control social típico y cansino de los sistemas tiránicos y corruptos.

Galileo Galilei fue obligado a abjurar de una verdad científica para declarar como cierta una mentira conveniente para el sistema de poder. Y, sin embargo, se mueve… fue la sentencia final que el tiempo lanzaría a la cara de la hipocresía eclesiástica. La Historia desmentiría a la Iglesia, porque sostener una mentira es siempre una cuestión de tiempo. La verdad tiene peso y se abre camino.

Estamos viviendo un tiempo peligroso. El uso de las mentiras y del fanatismo religioso solamente significan una cosa: existe un profundo temor al cambio. Nuestra sociedad está clamando por una transformación estructural, porque la situación actual resulta insostenible para la razón y para la verdad. Sin embargo, los poderes hegemónicos que nos han controlado perciben esta justa transformación como una herejía, Y nos quieren someter a procesos oscurantistas como el dominio militar, el dominio de una religiosidad fanática (en un estado laico) la prohibición de las protestas, la imposibilidad de juzgar a quienes nos gobiernan. En pocas palabras, nos quieren mantener infantiles y serviles. La mentira no podrá sostenerse para siempre, pero de estos momentos cruciales depende cuánto sufrimiento tengamos que invertir en el proceso.

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