Domingo 19 DE Enero DE 2020
Opinión

El inhóspito páramo de Morales Cabrera

Nos gobierna la hipocresía cachureca.

Fecha de publicación: 04-10-18
Por: Helmer Velásquez

 

Cinismo y desvergüenza, ese es el sino de la casta que gobierna este país. Nada nuevo. Ya lo sé. La diferencia de los actuales; es que han hecho un verdadero culto. Un endiosamiento a aquellas anticualidades. Hay por allí un grotesco diputado con tocado kaibil, que en sus intervenciones públicas, solamente vomita sandeces. Es una especie de niño símbolo de los congresistas: sintetiza mediocridad, vulgaridad y desfachatez. Es el prototipo del diputado chapín. En su gestión privada, está señalado de usurpación de tierras en Quiché, fue en sus tiempos de terrorista de Estado, que las “descubrió” e inició el proceso de apropiación ilícita. Es además, dedicado constructor de obra pública. Bien conoce que no hay obra sin sobra. Es decir, tiene la capacidad de desdoblarse: mientras en público navega con bandera de mediocre y baboso. En privado, dedica su esfuerzo a engordar la billetera.

Eso de gobernar…eso de legislar no se hizo para ellos. Lo que saben es contar chistes babosos. Pero…ya están allí ¿qué hacemos ahora? Los poderes reales: oligarcas y embajadas imperiales, prefieren mantener “la estabilidad”. Que nada se mueva hasta el recambio electoral. Si luego de ello, la gavilla se va al bote, no les preocupa, ahora es que les sirven. Dan la talla para la mascarada democrática. A tal grado –imperialistas y financistas– tienen nublada la vista por sus concentrados dineros e intereses, que desdeñan la ruptura de la precaria legalidad, ejecutada por Morales Cabrera y su cohorte mediocre. Lo interpretan como un recoveco “necesario”. En todo caso se ha hecho durante toda la justicia republicana –incluso– previo a su instauración: legalidad y castigo para el pueblo, benevolencia, con la “gente de bien”. Prefieren oscurantismo a modernidad. Echan mano de aristócratas venidos a menos: Irigoyen, Aycinena, Skinner, Arenales y otros, que a cambio de ser embajadores de Sangoloteo, dedican tiempo a mantener baboseado al Presidente, hasta le han hecho creer que es estadista y ungido y que su Presidencia en una obra de Dios. Para esto último se refuerzan con pastores de verde billete.

Los esquiroles del poder, allá en el Congreso le “hacen la pala”. No hay problema. Así que sacando lecciones de los recurrentes sangoloteos: lo procedente será continuar la movilización como ejercicio político-social. Organizaciones robustas. Son la necesaria base política para la consolidación democrática. Una democracia amplia y sana. Las necesitaremos para defender cada paso democrático que la sociedad construya. Los aristócratas de Sangoloteo estarán siempre al acecho. Defendiendo poder oligárquico y arrastrándonos al pasado.

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