Sábado 23 DE Febrero DE 2019
Opinión

No se necesita una ley para resolver el transfuguismo

“Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones”. Seneca joven.

— Rodolfo Neutze
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El mayor problema que nos deja la polarización en las que vivimos los guatemaltecos, es la falta de gente que se anime a decir la verdad. La frase bíblica “la verdad os hará libres” hoy nos hace enorme falta en nuestro querido país. Nos da miedo decir la verdad porque por opinar nos van a encuadrar en cualquiera de las dos únicas categorías que parecen existir pro-corrupción o pro-Iván. Pero afortunadamente la verdad no solo es cierta para estas dos opciones, hay muchos más matices y colores en Guatemala.

 

A mí me ha enseñado la vida que a las cosas hay que llamarlas por su nombre por muy duras que sean las consecuencias. Pido al amable lector que se abstraiga por unos pocos segundos de cualquier nombre o imagen mental del actual Congreso de la República. No pensar en nombres o caras nos debe permitir analizar fríamente la famosa ley del transfuguismo. Por error o queriendo, hoy por hoy cualquier diputado electo por un partido no puede volver a correr por ningún otro nunca más. No importa si el partido ya no existe, si cambió totalmente de ideología, si algunos de sus miembros son declarados delincuentes o simplemente ya no representa sus valores. No existe manera de elegir libremente desde donde servir a los votantes una vez más que desde donde se eligió la primera vez. Perdón la comparación, pero es como obligar a alguien a que nunca cambie de equipo de fútbol, sabor de gaseosa o canción favorita. No todos llegaremos a ser diputados, pero la ley actual si limita la libertad de estos. A todas luces es inconstitucional y atenta contra la libertad de elegir y ser electo. El problema radica cuando nuevamente le pido que traiga a su memoria nombres y/o caras de diputados actuales porque entonces esta ley deja de ser una aberración y se convierte en una bendición. Efectivamente existen diputados que NO debieran de poder volver a correr, pero esta ley discriminatoria no puede ser la solución. Pretender restringir la libertad de alguien para buscar un supuesto beneficio temporal es como tapar un hoyo haciendo uno mayor. Con este tipo de leyes no vamos a promover la democracia por el contrario vamos a lograr que los partidos políticos se vuelvan tan cerrados que solo los más vivos se reelijan a perpetuidad.

 

Me aterra pensar que esta verdad, que no solo yo la he visto, no sea debatida por juristas profesionales que levanten la bandera roja de sus implicaciones a futuro. Nadie se quiere tomar la tarea de defender a la libertad y la verdad porque hoy eso implica defender a una lista de innombrables diputados en el poder. Pero ese silencio nos va a perjudicar y evitará algún día que un buen diputado pueda seguir trabajando por su comunidad. Todos queremos profesionalizar a nuestros representantes y que el transfuguismo se minimice si no logramos evitarlo. Pero para eso no necesitamos una ley que prohíba elegirse. Para evitar llevar al Congreso a diputados tránsfugas solo hace falta un crayón de cera y una papeleta. Solo con ser más selectivos en la escogencia de por quién votar vamos a lograr limpiar el poder Legislativo. Lo primero que alguien debatirá es que muchos entran por listados “desconocidos” y “oscuros”. Pues la mejor manera de liberarnos del cáncer de malos diputados es precisamente hacer conocidos y claros los listados de candidatos. El TSE tiene que autorizar a los candidatos, conoce de sus antecedentes y vida política. Exijamos que, al estar inscritos los listados de candidatos a diputados, el TSE publique el historial de vida política de todos. Los primeros lugares de cualquier listado son los que tienen más chance de llegar. ¡Solo con espulgar quienes vienen en esos puestos los guatemaltecos seríamos capaces de cambiar nuestra política para siempre! No busquemos la libertad y la verdad usando restricciones. Que corra el que quiera, pero que la población esté clara a quién puede elegir.

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