Martes 21 DE Mayo DE 2019
Opinión

Aumentan los daños, las soluciones esperan

Cuando el escenario se agita, se saca a las calles al guardián de siempre, el Ejército, y aparece el ansiado orden.

Fecha de publicación: 28-09-18
— Renzo Lautaro Rosal

Las decisiones nefastas pasan facturas, en ocasiones irreparables. No sabemos en qué momento aplican, pero la historia no perdona. Así como ahora se deja constancia que sí hubo genocidio en Guatemala y que hemos sido envueltos en una maquinaria constante de latrocinio e impunidad; también somos testigos que los procesos de reformas tropiezan con férreos obstáculos. Los costos de la crisis puesta en evidencia en 2015 y que en los últimos meses han sido más tormentosos, son de enorme cuantía.

Qué daño más grande ocasiona J. Morales. Ha utilizado su precario mandato para dejar de lado sus obligaciones constitucionales y ser el fiel escudero para la reproducción y continuidad de la impunidad. Cómo vamos a mejorar, si contrario a las participaciones de otros mandatarios, que utilizan su participación en la Asamblea de Naciones Unidas para hacer planteamientos estratégicos de orden global, el representante de Guatemala lo utiliza para recordar sus resentimientos y berrinches. Carente de visiones y propuestas, despotricó contra el propio anfitrión; haciendo gala de un sinnúmero de falsedades. Su discurso es lacerante, porque dejó claro que hemos perdido cuatro años que debieron ser período de transición, de nuevas oportunidades y decisiones oportunas. Ahora a probar de nuevo, en 2019, ingredientes resobados; a repetir el ensayo.

Otros daños incalculables se han ocasionado. La Constitución Política se ha violentado, pero no pasa nada. Las decisiones de la Corte de Constitucionalidad se pueden relativizar e incluso incumplir. Cuando más se necesita de la institucionalidad, la misma se enmudece, alinea y escuda en falsos argumentos. Como fotografía del pasado, cuando el escenario se agita, se saca a las calles al guardián de siempre, el Ejército, y aparece el ansiado orden.

El retroceso es más evidente con el reposicionamiento de los sectores salidos de las oscuridades, cuyos delirios se han traducido en corrientes de opinión que calan en una sociedad cansada, poco informada y ansiosa de respuestas rápidas. La idea que “todo cambie para que nada cambie” adquiere forma. Se confirma que la historia es circular. Los breves períodos de cierta dinámica social y opciones lúcidas, dan al traste con las recomposiciones de los poderes hegemónicos, que aunque golpeados en algunas partes, siguen dominando.

El Secretario General de Naciones Unidas subrayó en su discurso de apertura de la reciente asamblea, algunas de las tendencias negativas que han generalizado en los últimos tiempos: sociedades fragmentadas, discurso político polarizado, confianza en el seno de cada país y entre los países socavada por quienes demonizan y dividen. Así podemos resumir el legado de Morales y su séquito de voraces operadores, interesados en la continuidad y en mantener los rezagos que ellos convierten en incentivos para alimentar sus bolsillos. Otros más se regocijan desde las cárceles, las penumbras y otros escondites, para salir en procura de sus negocios, alianzas y pendientes. A disfrutar de una nueva inyección de estabilidad artificial.

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