Miércoles 26 DE Junio DE 2019
Opinión

Hacerle decir a la historia lo que nos conviene

Lo falaz y dañina que puede ser la denominada “memoria histórica”.

Fecha de publicación: 27-09-18
Por: Francisco Roberto Gutiérrez Martínez

 

 

El estudio de la historia debe cumplir un objetivo supremo, esto es el perfeccionamiento de la humanidad mediante el conocimiento de los errores cometidos –para no repetirlos–, y el aprender de las acciones que han servido a la sociedad para su crecimiento, para la superación de la misma. Es por los hechos históricos vividos que las sociedades van conformando la cultura. Por ello su importancia y la necesidad –imperiosa– de mejorar su enseñanza en nuestro sistema educativo.

 

Se dice, con bastante razón, que el desconocimiento histórico hace que se sigan dando acciones dañinas para la sociedad; pero vale una acotación: los que no leen historia, los que no la estudian son, ¡casi siempre!, los que recurren reiterativamente a esos errores. Lo vemos en nuestros liderazgos políticos en al menos dos situaciones evidentes: el deseo dictatorial de permanencia en el poder; y el uso inadecuado –o el robo descarado– de los recursos del Estado.

 

El estudio de la historia debe, por tanto, servir para que las generaciones futuras sean mejores. La historia es el instrumento idóneo con el que a partir de su conocimiento nos perfeccionamos como sociedad, fundamentalmente mediante el esfuerzo humano por la formación de la auténtica ciudadanía, base esta de la democracia.

 

En nuestra sociedad guatemalteca ha habido poco interés por conocer la historia; probablemente ese desinterés se deba al uso de metodologías inadecuadas u obsoletas utilizadas para su enseñanza. Corresponde, por tanto, buscar nuevos acercamientos didácticos que la hagan atractiva al estudiante.

 

Obviamente no hay que perder de vista que la historia es una ciencia, diferente a las ciencias abstractas. Y lo es por cuanto, como cualquier ciencia, cuenta con un método propio, y con un objetivo diferente a otras.

 

La historia es una ciencia empírica dentro de las humanidades; se basa en la investigación, la construcción y la exposición. Su fundamento es la investigación de los hechos –comprobables– mediante documentos. Luego le sigue la “construcción” que consiste en la búsqueda de causalidades y consecuencias del hecho histórico; para concluir con la debida exposición o relación que ayude a comprender lo que realmente sucedió.

 

Viene a colación lo anteriormente descrito, por cuanto hoy se habla de la denominada “memoria histórica”, mediante la que se intenta reconstruir sucesos que han acontecido en el pasado –cercano o lejano–. El problema y riesgo de esta “memoria histórica” es que resulta ser selectiva, con lo que los proponentes se sitúan desde su posición ideológica, normalmente para ubicarse entre los “buenos”, cuando sabemos que la realidad del bien y del mal está, normalmente, repartida entre los humanos. Esta “memoria histórica” resulta, por tanto, una propuesta sesgada, interesada y además maniquea, que por ello se aleja de la realidad comprobable de hechos históricos.

 

En Guatemala con ocasión del cese del enfrentamiento armado interno, se escribieron varios relatos sobre la “memoria histórica”, aduciendo cientos de miles de crímenes perpetrados por los bandos en contienda; sin embargo, estudios más concienzudos fundamentados en hechos comprobables arrojan no cientos de miles, sino decenas de miles de crímenes, esto es una cantidad bastante menor. Obviamente un solo crimen es por sí mismo deleznable; pero cuando se trata de incorporarlos a la historia como hecho real, carece de cientificidad y, como dice Karl Popper en La lógica de la investigación científica, no pasa la prueba de la falsabilidad y refutabilidad.

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