Sábado 24 DE Agosto DE 2019
Opinión

Adiós al silencio

Que nadie que sepa hablar siga callado.

Fecha de publicación: 24-09-18
Por: José Barnoya

He tenido suerte, pues los amigos no solo me han ofrendado su amistad sino que al mismo tiempo me han dejado como herencia la amistad de sus hijos. Así me sucedió con Mundo Vásquez quien me heredó la amistad de sus críos. Lucila, su hija vive desde hace algunos años en España y siempre que viaja a esta tierra, me trae libros: El Lápiz del Carpintero de Manuel Rivas o El Otoño siempre hiere de Raúl Guerra. En su último viaje me trajo un libro: Delito de Silencio de Federico Mayor Zaragoza; ex diputado en los parlamentos español y europeo, ex ministro de Educación y Ciencia, y también ex director general de UNESCO.

De ser un folleto de 33 páginas, se transforma en un libro por su contenido valiente y certero que empieza con sabias palabras: “Saber, prever, prevenir. Actuar siempre de tal modo que configuremos un futuro, que inventemos un mañana acorde con la igual dignidad de todos los seres humanos… transitando de una economía de especulación y guerra a una economía de desarrollo global sostenible. De súbditos a ciudadanos; de la fuerza a la palabra”. Ocho capítulos plagados de frases lapidarias, denuncias directas y consejos sinceros para que: “Todos seamos iguales en dignidad; sea cual sea el color de la piel, el género, la creencia que profesemos y la ideología que sustentemos” como bien asienta la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Discurre don Federico por las catástrofes naturales o provocadas, la gran transición de súbditos a ciudadanos, preguntándose luego sobre si el mundo tiene arreglo y asentando que ha llegado el momento de iniciar la transición desde una economía de especulación y guerra que gasta US$4 millardos al día en armas, al tiempo que mueren de hambre 70 mil personas.

Termina don Federico con un poema suyo: “Delito de silencio. Tenemos que convertirnos en la voz de la gente silenciada. En la voz que denuncia, que proclama que el hombre no está en venta, que no forma parte del mercado. En la voz que llegue fuerte y alto a todos los rincones de la tierra. Que nadie que sepa hablar siga callado. Que todos los que puedan se unan a este grito”. Finalizando así: El mar puede guardar silencio. Nosotros no.

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