Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La destrucción y reconstrucción moral de un país

Hoy López Obrador tiene el encargo político y moral de iniciar la “cura” mediante su llamada “Cuarta Transformación”. ¡Ojalá lo logre por el bien de todos!

— Roberto Blum
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El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), se refirió esta semana a la crisis –bancarrota– que sufre el país. Efectivamente, México parece estar en bancarrota. De inmediato, los opositores de AMLO cuestionaron el término usado para calificar esta situación. Arguyen que el estado de las finanzas mexicanas no justifica que se afirme que el país esté en bancarrota. Sin embargo, las graves condiciones de la economía, la degradación de la política y la terrible violencia y corrupción que afecta a la sociedad bien pueden justificar el uso de la expresión “bancarrota general del país”. México es un país enfermo.

La mayoría de los votantes mexicanos –un 53.16 por ciento– decidieron elegir el pasado mes de julio a López Obrador como presidente de la República, con la misión específica de realizar una intervención mayor, que logre “curar” la gravísima enfermedad nacional. Quizás el “modelo médico” no sea el más adecuado para describir la intervención que AMLO y sus más de treinta millones de electores se proponen hacer, pero sin duda este da la pauta de los pasos a seguir.

Lo primero que el médico debe hacer es un diagnóstico del paciente y su malestar. La crisis-bancarrota de México es tan evidente que no puede negarse. Los múltiples datos con los que se cuenta la avalan. Sin embargo, el diagnóstico debe incluir también la etiología: es decir, determinar las causas del problema.

Examinando los datos relevantes del paciente, se observa que el malestar del país comienza como una ligera infección, a mediados de la década de los sesenta. El modelo económico vigente en ese momento –“crecimiento por sustitución de importaciones”– estaba llegando a su fin. El movimiento estudiantil de 1968 fue uno de los primeros síntomas. Las crisis económicas de 1976 y 1982 y la posterior “década perdida” mostraron la gravedad terminal del modelo. El Gobierno decidió cambiar de modelo muy tarde. A partir de 1986, el modelo escogido fue el de crecimiento mediante la “promoción de exportaciones”. México entró como participante en el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) y en 1994 firmó el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y Canadá (TLC). El comercio exterior creció rápidamente, pero por desgracia se descuidó el mercado interno, con el resultado de un crecimiento nacional promedio de 2.45 por ciento anual durante los últimos treinta años. Un crecimiento sin duda insuficiente para un país con más de la mitad de la población en situación de pobreza.

El malestar económico se tradujo en un malestar político, que culminó en las elecciones del 2006. La ilegitimidad del gobierno de Felipe Calderón y su intento de superar el pecado político original sumieron al país en una espiral de violencia y corrupción que lo ha destruido moralmente. Hoy López Obrador tiene el encargo político y moral de iniciar la “cura” mediante su llamada “Cuarta Transformación”. ¡Ojalá lo logre por el bien de todos!

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