Jueves 20 DE Junio DE 2019
Opinión

El castillo de naipes

Una controversia con Naciones Unidas fabricada para obstruir la justicia.

Fecha de publicación: 21-09-18
Por: Carol Zardetto

A ratos uno no sabe si está viviendo en medio del rodaje de una película cómica, de esas donde los personajes son caricaturescos y con vicios exageradamente obvios, o dentro de un juego organizado por gente inclinada a la perversión. ¿A qué juegan?

 

Sandra Jovel defendía hace apenas unas semanas su preparación para desempeñar el cargo de Ministra. ¿Por qué entonces se presta a llenar de mentiras sus reclamos en contra de Iván Velásquez ante la ONU? Cosas cuya falta de veracidad resulta tan fácilmente comprobable que ha originado una acción del MP en su contra. ¿Por qué se presta a estampar su firma en una carta disparatada, llena de violaciones al convenio internacional que ella debe conocer a la perfección?

 

¿Y el Ministro de Gobernación? ¿No dan para reír sus desplantes fascistas, tan anacrónicos, que mucha gente los ha comparado con escenas de los años ochenta? Revisar un carruaje de bebé, aterrorizar a la gente en una pizzería, enviar a una espía (tremendamente torpe, por cierto) a una conferencia de prensa, llenar el parqueo del Parque Central de soldados vestidos de Robocop. ¡Por favor!

 

Pero todo este desplante de forma, todas esas mentiras, todo ese andamiaje, puesta en escena, juego marrullero, espectáculo tramposo, como queramos llamarle, esconden la verdad: la controversia con Naciones Unidas ha sido fabricada a propósito.

 

Y frente a esta fabricación, tosca y evidente, quieren que Naciones Unidas “sea razonable”, se hinque y doblegue. En otras palabras, el gobierno de Guatemala, exige con patrio ardimiento que las naciones unidas, en coro, aplaudan su juego malamente orquestado.

 

La implementación de la CICIG en Guatemala ha sido un detonante incómodo. De hecho, toda la supuesta controversia viene del hecho de que personas que están bajo la lupa de la investigación criminal quieren deshacerse del investigador. Deshacerse de un investigador cuando existe una causa criminal planteada tiene un nombre en cualquier sistema de derecho: obstrucción de la justicia.

 

Con todo ese lenguaje rocambolesco, los actores de esta tragicomedia están gritando: ¡Dejen de investigarnos! No se metan en “nuestros asuntos”. Este paisito ha estado a nuestra merced durante siglos…

 

¿Qué hacer frente a una incómoda CICIG? ¿Qué hacer con un Comisionado que no se conforma con llenar “diplomáticamente” su cargo, sino que realiza el trabajo? Simple: se fabrica una controversia. Se lleva, en misión diplomática, un pliego de mentiras. Se asegura al Secretario General, que está en juego la “soberanía” nacional. Algunos son ignorantes y, por tanto, ciegos. Otros, se enceguecen voluntariamente, a fuerza de sus propios intereses ocultos. Para el público en general, la trama es penosamente evidente. Una mala película que provoca vergüenza ajena.

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