Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Pasado el cumpleaños

Guate es todo lo que tenemos.

— Méndez Vides
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Guatemala cumplió 197 años y las fiestas se sucedieron con regocijo, hubo desfiles solemnes y desordenados, bandas entonaron marchas jubilosas con trompetas, flautas, liras, redoblantes y timbales, y hubo alegría en las calles y carreteras llevando antorchas. Miles de jóvenes lucieron uniformes coloridos, quepis, cordones dorados y zapatos nítidamente lustrados, y se tomaron fotos individuales y en grupo. Millones celebraron el 15 de septiembre en las calles, de donde retornaron asoleados al hogar, y se puede comprobar escenas variopintas en las redes sociales, donde circulan fotos de jóvenes en pose. Muchachos uniformados van cargando el timbal y llevando de la mano a una linda batonista de faldita corta, con botas de tacón alto. Se les nota felices. Familias acarrean a niños dichosos tras haber contemplado el paso de sus hermanos desfilando. Atletas ufanos corrieron de un lado a otro con el fuego de la patria. Guate es todo lo que tenemos, lo hayamos pedido o no, porque los países nacen como las personas, y de la misma manera envejecen. Nacemos y morimos.

Durante la celebración reciente hubo también algunos conatos de desorden, manchas de inconformidad civil, gritos de quienes no están de acuerdo con el nacimiento de Guatemala, y plantean argumentos en contra de la supuesta “libertad” de la Independencia, porque suspendimos la relación con España, pero seguimos siendo servidumbre. ¿Qué libertad?, gritan. No entienden que se trata de un aniversario, simplemente por haber nacido, por existir. Sus mantas manifiestan interés político, porque quieren hacer patria oponiéndose a ella. En los carteles hubo quienes pidieron la venida de un extranjero a gobernarlos, entreguistas ante su debilidad para hacerlo ellos. Son pocos los gritones, pero hay que escucharlos, como a hijos rebeldes que se juntan como gatos a maullar en el techo de la casa, deseando estar en la Luna.

Los antifiesta de aniversario patrio pertenecen al cuerpo, como una nariz u oreja clamando por una operación estética, o suicidas que cansados de la vida desean desaparecer. Mucho más lograrían encauzando su energía haciendo propuestas para construir un mejor país, organizándose para competir en las próximas elecciones. Porque eso de hablar en contra de lo que hacen otros es fácil, lo difícil es tener voluntad y coraje para hacerlo ellos diferente. El entreguismo es pura debilidad.

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