Sábado 20 DE Octubre DE 2018
Opinión

Otra derrota de Jimmy Morales

De la altanería, al temblor.

— Edgar Gutiérrez
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Jimmy Morales y su círculo de confianza –Enrique Degenhart del Mingob, Sandra Jovel del Minex y Mario Duarte de la SIE– están en otro callejón sin salida, en su única prioridad de gestión: desembarazarse del comisionado Iván Velásquez y debilitar la acción penal de la CICIG. Hay tres razones básicas de esta derrota: inhabilidad política, torpeza diplomática y el pecado original de la ilegitimidad.

Inhabilidad política. El régimen ha contado con poderosas armas a su favor. Nada más y nada menos que acceso y empatía al círculo de Trump, debilitando el consenso de Washington de apoyo sin reservas a la CICIG. Así, se generaron mensajes contradictorios desde el Capitolio y el Departamento de Estado, dejando un vacío político, que fue un corredor sin obstáculos para los objetivos de Morales y su círculo. Sin embargo, no operaron bien. Anticipar el fin de la CICIG es un derecho del jefe de Estado, pero la innecesaria escenografía irritó a ciertos niveles en Washington. Aun así, lo toleraron. Ahora, la entrevista del embajador Skinner en Prensa Libre el jueves 13 –que la embajadora Nikki Haley leyó resumida en inglés– comenzó a colmar el vaso. Hizo dudar al equipo de Trump de la fiabilidad de sus aliados.

Ese cartucho decisivo, que les costó dos años conseguirlo, lo están quemando en apenas dos semanas. También en estas dos semanas una parte del sector privado que acuerpa a Morales en su irritación contra el comisionado, sintió el frío de Casa Presidencial. Ya no fueron tomados tan en cuenta, como hasta entonces, a pesar de haber comprometido públicamente sus nombres (CIG, Cacif y Anacafé). Como reflejo, net centers de ambas fuerzas, que habían tomado nuevo vuelo, perdieron coherencia en sus mensajes. Ese flanco, entonces, queda débil en un momento crítico. Por otro lado, el Congreso dominado por el Pacto de Corruptos, sí hace mucho ruido pero produce pocas nueces. Una nueva ola de nerviosismo ataca a los diputados porque varios casos judiciales que los comprometen han madurado, incluyendo el de Manuel Baldizón.

Torpeza diplomática. Morales, Jovel, Skinner y su experimentado equipo diplomático repatriado no han podido conducir (ni rescatar) una estrategia de negociación con la ONU. Optaron por acciones unilaterales que violan el Acuerdo, como poner obstáculos migratorios al comisionado y retardar la renovación de visas a una parte de su equipo de trabajo (violación del Artículo 10) y exigir el nombramiento de otro comisionado en 48 horas (violación del Artículo 12). Pero lo peor fueron las formas irrespetuosas, groseras e insolentes de Jovel. No tienen precedentes en la historia de la ONU. Varios excancilleres firmamos el martes 18 una carta dirigida al secretario António Guterres, manifestándonos avergonzados por esas manifestaciones inamistosas y fuera de lugar.

Ilegitimidad. El problema de fondo de Morales es que no tiene legitimidad para atacar a la CICIG. Lo hizo ver el día 17 la CC en la resolución del amparo 4207-2018: el jefe de Estado es representante de la unidad nacional, y está obligado a velar por los intereses de toda la población, debiendo asumir sus actos con absoluto respeto a los valores de la paz social y la armonía ciudadana, atendiendo el bien común como fin último del Estado. Por eso la resolución fue adversa a Morales y su equipo y, ahora con justa razón, el PDH ha solicitado que se certifique lo conducente. Se entiende por qué ayer Guterres ratificó su confianza a Velásquez y anunció la próxima delegación de un comisionado alterno, que no requiere aval del Gobierno. El régimen tan altanero, está tembloroso.

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