Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Enfoque: El orden de las prioridades confundido

La brújula es un instrumento para orientarse. Se hace necesario cuando se camina sin rumbo definido y se pierde el Norte.

— Gonzalo Marroquín Godoy
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Después de uno de estos días agitados en medio de rumores, conferencias de prensa, conversaciones temáticas sobre la crisis permanente que vive el país, tuits engañosos diciendo “esto está sucediendo” –cuando es totalmente falso–, marchas, protestas y mentiras de los políticos, es fácil pasar una noche con sueño alterado y preocuparse por el futuro del país, que es el
futuro de nuestros hijos y nietos.

Como este tipo de días se han vuelto repetitivos últimamente, una mañana desperté con la cabeza dando vuelta en torno a una pregunta: ¿A dónde vamos como país? Por supuesto que entonces intenté hacer una fotografía de este momento que vivimos, una fotografía lo más real posible de Guatemala, la Guatemala de todos.

Lo primero que pensé es que esa fotografía la he visto muchas veces en mi vida y poco ha cambiado. Los rostros dominantes son los mismos: la pobreza, la falta de oportunidades, niños desnutridos, hombres, mujeres, jóvenes y hasta niños que tienen que salir del país para buscar una mejor vida. Las escuelas y hospitales en trapos de cucaracha, en contraste con los lujosos carros y mansiones que acumulan los políticos de turno en el poder.

Como periodista me ha tocado ver prácticamente de todo. Algunas cosas han sido pasajeras –­aunque siempre dejan huella y consecuencias– y otras se han convertido en males endémicos.

Entonces, la siguiente pregunta que me hice a mí mismo para ver si la podía responder como periodista, fue la siguiente: ¿Qué estrategia tiene el Gobierno para cambiar esta realidad, producto –en GRANDÍSIMA medida­– de la corrupción y la incapacidad de los gobiernos de turno?

Esa misma pregunta le formulo a los amables lectores y los reto a que se la hagan a cualquier persona. ¿Cuál es la estrategia de Jimmy Morales para combatir la pobreza, mejorar la educación, salud, disminuir radicalmente la desnutrición y promover al mismo tiempo el desarrollo del país?. Yo no la conozco. Sé que hacen acciones en cada una de esas áreas sociales, pero más bien es una forma de ejecutar el presupuesto, no de trabajar con alguna estrategia o plan de corto, mediano y largo plazo.

Pero en cambio ¿quién no conoce la estrategia e intención del presidente de sacar a la CICIG y terminar con la lucha contra la corrupción? Ah, en eso sí se ha esforzado el presidente. Se ve que es una obsesión en la que piensa mañana, tarde y noche. Habla más de la “soberanía” y su orgullo por defenderla (¿?¿?), que de la preocupación –que debiera tener– por la falta de oportunidades que tiene una familia en la zona rural de Huehuetenango, Alta Verapaz, Quiché, San Marcos, Sololá, o cualquier otro departamento.

Me parece que Jimmy Morales no se ha dado cuenta que con esa falsa soberanía no se come, no se educa, no se construyen carreteras, no se abren oportunidades y no se mejoran las condiciones en general para los guatemaltecos. Ni siquiera sirve para inyectar energía a la deteriorada actividad económica en sus diferentes áreas productivas.

En cambio, todos esos factores –pobreza, desnutrición, deficiencias en educación, salud, infraestructura y demás– se ven seriamente agravados por la corrupción y la impunidad que ha venido creciendo de manera galopante en las últimas décadas. No hay que ser un genio para pensar entonces que algo inteligente sería intensificar el combate contra la corrupción, a la vez que se tiene una estrategia sólida y bien diseñada para atender los problemas socioeconómicos del país.

Pero aquí, las prioridades las vemos patas arriba. En primer lugar, don Jimmy ha puesto terminar con su acérrimo enemigo –Iván Velásquez– y salir de la CICIG. En segundo lugar… lo mismo, en tercero, igual. En el cuarto, tal vez, aparece alguna de las demás prioridades mencionadas. Para ser honestos, siempre han sido relegadas, pero esta vez es más claro que en otras ocasiones, porque la primera, segunda y tercera, están más claras que el agua Salvavidas.

Qué lindo sería que en vez de tanto hígado, tanta saña y tanto afán por destruir enemigos, se pusiera toda esa energía a favor de atacar nuestros grandes males nacionales. Que en vez de estar perdiendo tiempo escuchando torpezas de los ministros referentes a esta lucha estéril y destructiva, estuviéramos viendo el resultado de alguna política nacional en las materias mencionadas antes.

El país se merece algo mejor. Piénselo y pregunte: ¿Sabe usted de alguna política de desarrollo digna de aplaudir de este Gobierno? Pero seguro, sí conoce de los esfuerzos por mantener lejos a Iván Velásquez…

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