Jueves 20 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¡Viva Guatemala!

— editorial
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Arturo Cuyas dice que hay tres amores que son sagrados para el ser humano: El amor a Dios, el amor a la familia y el amor a la patria. Estos amores se manifiestan, respectivamente, a través de la religión, del cariño y del patriotismo. Cada uno de ellos exige un culto, una devoción.

El patriotismo se traduce en desvelos, trabajos y sacrificios por la grandeza y la defensa de la patria, y no en bonitas palabras, arengas simbólicas, buenas intenciones, desfiles marciales o cívicos, fuegos artificiales. Si bien debemos cantar a la Patria, es más importante que nos atareemos en su servicio, sin esperar nada a cambio.

Por consiguiente, son muy válidas y ciertas aquellas palabras que pronunció el presidente de los EE. UU., John F. Kennedy, con motivo de su toma de posesión (20 de enero de 1961): “Compatriotas: pregúntense, no lo que su país puede hacer por ustedes, sino lo que ustedes pueden hacer por su país”.

Cicerón decía: “La patria tiene derecho a que nuestra alma, nuestro talento y nuestra razón le consagren sus mejores y más nobles facultades”.

En esta etapa de nuestra historia patria nos encontramos en un difícil trance. La sociedad guatemalteca sufre gran tribulación debido a la violencia, los privilegios y las prebendas, la pobreza extrema, la inconsecuencia de la clase política, a la cleptocracia y la impunidad. Por otro lado, la falta de oportunidades está obligando a sus mejores hijos a emigrar a otros lugares para poder ganar el sustento de sus familias y construirse un mejor futuro. Otros muchos están muriendo, víctimas de los violentos que han impuesto su derecho o por la precaria situación de los servicios públicos de salud y asistencia social; y, asimismo, el bien común, el interés general y el servicio fiel y responsable al país no está en la mente de los políticos.

Sin duda, hay quienes esperan al salvador paternal, que vendrá no solo a aplacar y castigar a los violentos, sino que también a sacarnos de la pobreza y del desorden. Sin embargo, bien dice Emanuel Kant que “un gobierno basado en el principio de la benevolencia hacia el pueblo, como el gobierno de un padre hacia los hijos, es decir, un gobierno paternalista (…) es el peor despotismo que se pueda imaginar (…)”.

Los que no toman acción y solo se quejan no aman a la Patria; por el contrario, su debilidad, cobardía, indiferencia, individualismo extremo y omisión posibilitan o dan pábulo al advenimiento de una tiranía que los domine, sojuzgue, oprima, expolie y humille.

En conclusión, la dependencia, el clientelismo, la sumisión, la pasividad y el conformismo no son la salida a nuestros males, carencias, problemas y sufrimientos, sino que la única respuesta la encontraremos en asumir la responsabilidad de nuestra propia vida, en nuestra participación activa, enérgica, valiente y entusiasta en la vida nacional, así como en la defensa irreductible de los principios de la autonomía personal, la tolerancia, la igualdad de oportunidades y la seguridad jurídica, que nos garantice la seguridad de las personas, los bienes y los negocios.

Solo así alcanzaremos la prosperidad y la paz social, así como el respeto y la admiración de las demás naciones del mundo.

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