Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¿Separación de Poderes?

Volver a las raíces (en 3 Tiempos).

— Álvaro castellanos howell
Más noticias que te pueden interesar

Charles Louis de Secondat, señor de la Brède y barón de Montesquieu, más conocido, simplemente como Montesquieu, es popularmente considerado el creador del principio de la separación de poderes.

Ese principio sin el cual, no es posible contar con una Constitución real.

Por eso, el Artículo XVI de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, decretada en el mes de agosto de 1789 por la revolucionaria Asamblea Nacional francesa, decía con meridiana claridad que una sociedad en la que no esté establecida la garantía de los Derechos, ni determinada la separación de los Poderes, carece de Constitución.

Hoy, que estamos viviendo momentos intensos en nuestra sociedad, creo que vale la pena volver a las raíces, aunque sean algunas de ellas, decimonónicas, y por ende, sometidas a riesgo de
descontextualización.

Para empezar, Monsieur Charles Louis de Secondat, no inventó la separación de poderes.

Más bien, entiendo que ese principio republicano lo enunció sin duda, en su obra más famosa De l’esprit des loix, de 1748, basado en su observación, en aquel entonces, de la realidad política y social de Inglaterra.

En la Europa insular, la llamada “separación de poderes” empezó a gestarse desde la Magna Carta Liberatum, de 1215, y se fue consolidando desde entonces con la instauración de un Parlamento inglés que alcanzó plena madurez a finales del siglo XVII e inicios del siglo XVIII. Por algo al parlamento inglés se le llama la Madre de todos los Parlamentos.

Llámesele separación de poderes (en el sistema presidencial) o de colaboración de poderes (en el sistema parlamentario), el hecho es que tienen que haber pesos y contrapesos para evitar que “quien tiene poder, si no tiene límites, abuse del poder” (parafraseando a nuestro querido Montesquieu).

El poder público, es uno. Es más, hoy se conoce como el poder constituyente, que definitivamente, reside en el pueblo. Diferente es que lo sepamos canalizar democráticamente.

Y los embates al sistema republicano que estamos viviendo hoy, como el intento legislativo de acaparar los procedimientos de inmunidad que protegen cargos públicos en todos los ámbitos de manifestación del poder público (los cuatro poderes del Estado guatemalteco), hacen que valga la pena ir a las raíces:

“considerando que la ignorancia, la negligencia o el desprecio de los derechos humanos son las únicas causas de calamidades públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer en una declaración solemne estos derechos naturales, imprescriptibles e inalienables; para que, estando esta declaración continuamente presente en la mente de los miembros de la corporación social, puedan mostrarse siempre atentos a sus derechos y a sus deberes; para que los actos de los poderes legislativo y ejecutivo del gobierno, pudiendo ser confrontados en todo momento para los fines de las instituciones políticas, puedan ser más respetados, y también para que las aspiraciones futuras de los ciudadanos, al ser dirigidas por principios sencillos e incontestables, puedan tender siempre a mantener la Constitución y la felicidad general. (Preámbulo, Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, París, Francia, 1789).

Etiquetas: