Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Los pro-impunidad y su estrategia

El camino está despejado, los adversarios están dispersos; unos temerosos por la nueva presencia del servil ejército, que sigue “contribuyendo” para que el régimen no advierta, ni siquiera intentos, de cambio alguno.

— Renzo Lautaro Rosal
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Las fuerzas alrededor del J. Morales parecen haber evaluado los resultados del intento frustrado de declarar non grato al Comisionado Velásquez, en 2017, con otros lentes. Se aprestaron a rediseñar la estrategia con mayor meticulosidad, leyendo de mejor forma las posibles reacciones de los actores considerados como opositores. Midieron el agua con mayor precisión. Aunque los propósitos no varían, las formas han sido más sinuosas.

Con un año de anticipación, anunciaron lo que era obvio: no más CICIG. La intención, poner en mute al develador del ADN del régimen de impunidad; base del diseño del Estado guatemalteco. Si se congela al principal actor impulsor y acompañante de las investigaciones, poco a poco se vendrían abajo los principales eslabones. El MP no tendría la suficiente capacidad para cargar la procesión por cuenta propia y de hecho, se crearía el escenario para una especie de amnistía. Claro está, personajes como OPM y Baldetti tendrían que ser los sacrificados y pasarían un poco más en jaulas de oro. El resto de implicados comenzaría a desfilar hacia la calle. Ese escenario se mantiene inalterable, a resultas de varios factores que podrían modificar y/o retrasar esos propósitos.

 Al desmantelar el camino recorrido, bajo la hipótesis que lo transitado es reversible, se provocaría el propósito mayor: despejar la ruta para que la impunidad y sus diversas expresiones se desplieguen con total intensidad, se recompongan los mecanismos que han sido alterados en los últimos 3-4 años, se rearticulen los actores, los motores apagados a la fuerza se vuelvan a encender. Claro que las cosas no serían necesariamente las mismas que antes. Estos últimos años han servido para recomponer el escenario, crear nuevas alianzas, probar nuevas estrategias.

La lucha contra la corrupción formaría parte de la agenda, pero formaría parte del plano secundario. Se le convertiría en tema, en un carril entre otros, sin que cause daños mayores. Se le focalizaría, por ejemplo, para perseguir narcos.

 

Las investigaciones, los casos, pueden continuar, siempre que no afecten a los de la foto, los intocables, las víctimas de las “persecuciones” recientes. Así, venido a menos, puede ser útil para sacar de la jugada a los incómodos. El diseño original ha querido ser modificado; pero el proceso en marcha está orientado a la vuelta a la normalidad. El camino está despejado, los adversarios están dispersos; unos temerosos por la nueva presencia del servil ejército, que sigue “contribuyendo” para que el régimen no advierta, ni siquiera intentos, de cambio alguno. Alrededor, alentar el carácter conservador con narrativas de fácil consumo (familia, antiaborto, soberanía, independencia, injerencia). El montaje está creado, los envalentonados en pie de guerra; pero no cuentan que hay capítulos pendientes de enfrentar. La impunidad arremete con sus aires de “todo lo puede”, por lo que no contempla que los procesos políticos y sociales de nuevo cuño no son lineales; son diseños circulares donde el ejercicio del poder es dinámico, el cambio es la premisa y los retornos al pasado son episodios efímeros y engañosos.

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