Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Lía Victoria y Guatemala

Hoy cedo el espacio al pensamiento de Lía Victoria González De León, una joven adolescente, de 14 años, desbordada de amor por Guatemala.

— Silvia Tejeda
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Hablemos de la patria. Hoy es un día que se presta para reflexionar sobre el sentido que cada uno, tenemos de ella. Si yo diera mi visión diría que está disuelta en pedazos, saqueada y desgarrada por la ambición de unos pocos. Compartiría que me duele que muchos crean que celebrarla es presenciar el rataplán de los redobles y ver a su juventud emulando la estampa del militarismo de la Europa prusiana del siglo XIX. Mi visión quizás gastada, no es el tema de este artículo. Las nuevas generaciones tienen su propio sentir, su propia manera de atar su vida a este suelo en que nacen, llenos del mismo amor y el optimismo que la nuestra tuvo en el despertar de nuestras vidas. Si el contenido de los párrafos siguientes lo comprendiera el gobernante y su equipo disociador, pensarían más sobre el daño que hacen al empeñarse en confrontarnos persistentemente.

Hoy cedo el espacio al pensamiento de Lía Victoria González De León, una joven adolescente, de 14 años, desbordada de amor por Guatemala, que tiene su propia visión, sus ideales y sus sueños por cumplir. Una jovencita a quien he visto crecer, estudiar y sobresalir como una alumna premiada y distinguida hasta por el gobierno de Estados Unidos, que ha escrito varias composiciones y que me ha permitido, tan oportunamente, publicarla en este espacio:

“Ser guatemalteca para mí es como tener los colores de mi país como un tatuaje en mi piel y el escudo de la bandera grabado en el corazón. Ser guatemalteca es parte de mí, como lo es mi corazón, como mi cerebro y como las venas que recorren mi cuerpo. Es siempre saber que mi vecino, hasta el chapín de la esquina, está allí por mí. Es saber que hablamos un lenguaje universal, el español, pero que en Guatemala hablamos otro nuevo, el chapín.

Para mí los guatemaltecos somos como una gran familia que se pelea pero que al mismo tiempo siempre están allí, uno para el otro. Somos una familia porque todas nuestras diferencias las celebramos en cambio de criticarlas. Somos todos una familia porque compartimos comida y risas todos los días. Somos uno para el otro porque la sangre en nuestra venas es tipo chapín.

Guatemala no solo es un país, es una familia disfuncional y caótica pero llena de amor y orgullo. Los guatemaltecos somos únicos y todo el mundo lo sabe. Convertimos palabras con significados malos en palabras con significados nuevos y mejores. Es como tener nuestro propio diccionario, desafiando los significados aburridos y originales. Usamos “culo” para describir a una mujer hermosa. Y usamos “a la madre” y “chilero” para expresarnos en cambio de usar “wow” y “qué impresionante”. Nuestro lenguaje es único, y a veces vulgar, pero es nuestro.

Lo que más describe totalmente a los guatemaltecos, en mi opinión, son sus colores y la diversidad. Guatemala tiene tantos colores, personas y comidas, que es impresionante, que es un país con un área de solo 108,889 km2. Las personas, son unas de las características más hermosas que tiene este gran país. Son personas con historias diferentes y culturas únicas, pero al final son todos chapines. Con tantas culturas vienen tantos diferentes platos, por ejemplo las tortillas, los tamales, los parches, los shucos y hasta los Tortrix. Ser guatemalteca no es solo mi nacionalidad es toda yo, es siempre saber que a donde yo vaya Guatemala siempre estará conmigo, en la sangre, en el corazón y en la maleta”.

Querida Lía Victoria: Trabaja duro siempre por el bien de Guatemala. Con tu intelecto también rescatarás todo lo bueno que ves y que también nos pertenece. Estoy de acuerdo contigo a Guatemala la llevamos en la sangre, en el corazón y en la maleta. ¡Viva Guatemala!

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