Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¿Iván Velásquez divide a los guatemaltecos o es la corrupción?

Mi apoyo a la resistencia pacífica nacional y al PDH Jordán.

— Fernando González Davison
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El defensor de oficio del gobierno ante las Naciones Unidos es su embajador ante ese organismo. Desde esa posición los distintos embajadores que han representado al país en ese foro desde el presidente Pérez Molina hasta ahora han continuado con las mismas posiciones de defensa de la clase política y de los gobernantes de turno contra la CICIG, en íntima relación con los cancilleres. El embajador actual expuso recién en Prensa Libre que lo hace “porque le es leal a los gobiernos democráticamente electos” desde que asumió como embajador en 1986. Es sin duda un gran defensor del statu quo, pero en este párrafo cometió un lapsus: “Los del G13 está bien que tengan su opinión, pero que vengan a hacer política aquí, esa es cosa de solo los guatemaltecos, quienes estamos divididos y polarizados por el señor Velásquez…”. Y eso no es verdad. Estamos polarizados más bien por la corrupción que él ha contribuido enormemente a destapar y donde está hundida la clase política sin excepciones ideológicas. El embajador en las mismas declaraciones señaló que hace un año Jimmy Morales fue a la ONU y le presentó al secretario general Guterres “cinco casos puntuales, entre ellos el allanamiento a la Casa Presidencial, la exhibición y estigmatización de su hijo y su hermano, el caso TCQ que ejecutaron un allanamiento y después ya no hubo nada”.

O sea que Morales llegó resentido por un caso familiar y no nacional, evidenciando su deseo de venganza contra don Iván por haber osado tocar a su familia. El embajador expresa que el presidente apoya a la CICIG, pero eso también no es cierto en la medida que Morales ya pidió de manera oficial que no será renovado su mandato. Más que una contradicción es una obstrucción a la justicia, porque está probado que Morales enfrenta varias solicitudes de antejuicio por varios delitos como toda la prensa ha publicitado. Un embajador que da declaraciones políticas en defensa al presidente no se puede interpretar como un simple ejecutor de la política exterior, como nos hace creer, pues en realidad más que ello se ha vuelto un defensor de oficio del presidente actual y que refrenda la ejecutoria de la actual canciller, que ha endilgado a la CICIG de haberse convertido en “una estructura paralela”, como si se tratara de un “poder paralelo” de los poderes clandestinos, quizás porque la CICIG con don Iván mostró que esos poderes ya no eran paralelos sino que dirigían el Estado en los últimos gobiernos, los que ha representado dicho embajador. El objetivo de estos ha sido hacer piñata el presupuesto público como sacó a luz don Iván para decepción de una minoría que se enriquecía usando la política y legitimando sus funcione –mejor dicho– sus delitos porque había recibido el voto. Toda esa corrupción hoy es clara para el pueblo y no hay defensa alguna válida para quien defienda la transparencia. Por ello el pueblo clama por el retorno de don Iván porque ha unido al pueblo contra la minoría que constituye la clase política, con un presidente que la defiende y se defiende de no caer en manos de la justicia. Tampoco es cierto como dice el embajador que la CICIG con don Iván se volvió “un factótum que está por encima de los poderes estatales y la Constitución Política solo estipula tres poderes: el Ejecutivo, Judicial y Legislativo… la CICIG se volvió un suprapoder que incluso coacciona jueces”. Con un sentido de equidad puedo decir que eso tampoco es verdad, pues la mayoría de analistas independientes están conscientes que la CICIG y el MP lograron probar los nexos claros entre las estructuras criminales con los tres poderes del Estado, pero eso no significa que esté “por encima de los poderes estatales”. La verdad es que la CICIG surgió para investigar los poderes paralelos que manipulaban al Estado y sus tres poderes; y descubrió que ya reinaban en ellos. De esa cuenta esa clase política ha robado la independencia al soberano, una soberanía que la CICIG trata de devolver al pueblo de Guatemala.

Y eso que valga para celebrar nuestra verdadera Independencia Nacional.

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