Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Humpty Dumpty

Los pedazos del sistema fallido no pueden servir para sacarnos de la crisis.

— Carol Zardetto
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Humpty Dumpty es un estribillo muy conocido en la lengua inglesa. Humpty Dumpty estaba sentado en una pared, cuando tuvo una gran caída. Todos los caballos del rey, todos sus hombres, no pudieron ya pegar los pedazos. La sabiduría del estribillo está en que hay cosas que la fuerza del rey, por más bruta que sea, no puede lograr. Cuando algo esencial se despedaza no son los soldados rasos, los kaibiles, dos mil policías en la calle, tanquetas o vehículos artillados los que tienen capacidad de hacer arreglo alguno que restituya las cosas a su anterior estado.

Escuché esta mañana un programa radial popular. Allí hablaron, como quien da cátedra, Gustavo Porras y Adrián Zapata. Para Gustavo lo inaceptable de la administración de Iván Velásquez en la CICIG, es que a gente como el Presidente del Banco de Guatemala se le haya llevado a prisión con grilletes. Por lo visto, le molesta la falta de reverencia. No sé si Gustavo se da cuenta, pero habla a favor de los privilegios, de esa ausencia de igualdad que serrucha de fea manera el surgimiento de un verdadero espíritu ciudadano. En cuanto a Adrián Zapata, argumenta que Naciones Unidas debió atender al Gobierno en sus quejas contra Iván Velásquez. Habría que preguntarle qué piensa del tema de obstrucción a la justicia. ¿Puede un organismo internacional darle cancha a un gobierno cuando una gran cantidad de sus integrantes está perseguido por la justicia? ¿Son válidos los argumentos en estas circunstancias? ¿O resultan sospechosos de razones ocultas?

En todo caso, estos dos señores aceptaron algo que resulta crucial considerar: ellos no tienen base social que respalde sus criterios envejecidos. Las organizaciones que usualmente se arrogan la representatividad conservadora de la “sociedad civil” y sus gurús, siguen haciendo propuestas sin escuchar a los sectores mayoritarios. Y, se parecen a los hombres del rey, intentando pegar los pedazos de algo que se rompió. Quizá deberían sentarse frente a un espejo y preguntarse cuánta culpa tienen al haber coexistido de forma tan cómoda con un sistema corrupto.

Si Guatemala tiene alguna oportunidad de salir de la encrucijada en la que se encuentra, no podrá ser a punta de pegar los retazos de un sistema que se agotó. El país necesita cambios estructurales profundos y la gente “que siempre ha estado a cargo” no tiene respuestas. La gente común y corriente, la gente de la calle, repudia el sistema por una razón incontestable: le falló a la mayoría. En el mejor de los casos, Guatemala hallará nuevas fuerzas, se organizará de manera diversa, surgirán nuevas voces, nuevos líderes. Encontrará nuevas fórmulas de relacionarse, libres ya de los estigmas racistas, clasistas. Hallará el camino al desarrollo colectivo, sin depender de los que siempre se consideraron “dueños” del país y de sus operadores.

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