Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¿Se puede cortar de tajo la corrupción?

La libertad económica de invertir, comerciar y producir es el mejor medio para erradicar de cuajo el mal de la corrupción.

— Juan José Micheo Fuentes
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En el Plan Anticorrupción de la Alcaldía Mayor de Bogotá se define corrupción “como la manera de hacer abuso de poder, de funciones o de medios para sacar un provecho económico o de otra índole. Se entiende como corrupción política al mal uso del poder público para obtener una ventaja ilegítima.  El tráfico de influencias, el soborno, la extorsión y el fraude son algunas de las prácticas de corrupción, que se ven reflejadas en acciones como entregar dinero a un funcionario público para ganar un proceso de selección –licitación o concurso público– o pagar una dádiva o coima a cambio de obtener ventajas, concesiones, contratos o beneficios. A la corrupción se encadenan otros delitos, ya que el corrupto suele incurrir en la práctica para permitir o solicitar algo ilegal”.

Preocupados por ese flagelo a nivel mundial han surgido diferentes esfuerzos e instancias para contenerlo. La organización independiente Transparencia Internacional es una de ellas, fundada en 1993 con sede en Alemania se dedica a combatir este mal.  En su Informe anual correspondiente al año 2017 apuntaba que el país con mayor corrupción de América Latina sigue siendo Venezuela en el 169o. de 180 a nivel mundial. Cerca Nicaragua en el puesto (145o.), Guatemala (143o.), Honduras (135o.), México (135o.) y El Salvador (112o.).  Entre los países menos corruptos del mundo están Nueva Zelanda (1o.), Dinamarca (2o.) y Finlandia (3o.). En general malas notas para los países de la región, que son verdadera presa del asalto al erario nacional por políticos inescrupulosos y mafias que actúan al amparo de la clandestinidad.

Los pueblos no se satisfacen solo con capturas de implicados, exigen la depuración de los organismos de Estado, leyes efectivas para nombrar magistrados y jueces,  combate al financiamiento ilegal de partidos políticos, transparencia en la contratación de obra pública, rendición de cuentas y extinción de dominio de haberes mal habidos.  Desgraciadamente la vieja política se resiste a morir en los países, los cambios legislativos por las cámaras no son de fondo y la desilusión de la población crece y la gobernabilidad peligra.

Estudios serios han demostrado que no es solo a través de establecer controles, mayores grados de supervisión o penas ejemplares que desaparecerá la corruptela y el latrocinio, sino ampliando los espacios para estimular más la libertad económica.  Un estudio realizado por el Fraser Institute de Canadá, cruzó datos de 97 países entre los índices de transparencia y los de libertad económica y encontró que a menor intervención estatal las malas prácticas, discrecionalidad, evasión, tráfico de influencias o licitaciones amañadas desaparecen porque no se dan las condiciones para hacer actos coludidos.

El antídoto para erradicar este cáncer de la corrupción y la perversidad mina la estructura y cimientos morales de cualquier sociedad.  Más libertad económica es clave para combatirla, y eso solo se consigue desregulando mercados, eliminando leyes antieconómicas, creando impuestos únicos, concesionando y privatizando servicios públicos, facilitando trámites burocráticos y reduciendo la discrecionalidad de los funcionarios públicos.  La idea es que el delito no se consume porque simplemente las condiciones no se dan.  Los pueblos y los países cooperantes observan y ya no toleran más corruptela, la clase política está en entredicho. El rescate es posible siempre y cuando se tenga presente que la libertad económica de invertir, comerciar y producir es el mejor medio para erradicar de cuajo el mal de la corrupción.

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