Lunes 15 DE Julio DE 2019
Opinión

Fase terminal de la vulgaridad política

Congreso y Ejecutivo: síntesis de decadencia y mediocridad.

Fecha de publicación: 13-09-18
Por: Helmer Velásquez

Con los de mi generación, fuimos a la escuela signados por regímenes administrados por una entente formada por militares y civiles –estos últimos, pretendidos políticos encargados del doméstico– para planes, programas y proyectos más la operatoria del gobierno, los asistían tecnócratas, nacionales y de la banca internacional, que sacaban la tarea, otros llevaban cuentas y siguiendo órdenes de “allá arriba” apartaban centavos del presupuesto para los “estadistas” a cambio recibían beneficios del rebalse. Aquellas nefastas administraciones se embozaban en el anticomunismo, para quedar bien con los gringos y sacaban ventaja de ello. Además actuaron como lacayos del capital nacional y transnacional. Incluso, apretaron el gatillo, pagando al gatillero. La excusa: Frenar el avance comunista. Se envilecieron en el poder. Algo cambió con la democratización política y la paz. Se detuvo el sicariato. Para entonces habían matado la esperanza.

Fue una ligera ilusión, soñamos con una nueva realidad política. Su ejercicio, a cargo de estadistas. Aquello no ocurrió. Ni de lejos. Con la apertura –1985– llegó la juerga y damiselas a palacio –un gobierno en aguas– luego vinieron, gánsteres y mercaderes: rematan los bienes públicos. Les siguieron genocidas reciclados y animales de patio: el pollo y el conejo. Les reemplaza un debilucho gavilán. Dos que tres destellos de mejora, nada sostenible. El balance de la etapa es negativo. Corruptela, roscas de crimen y negocios, despilfarro de fondos públicos. Luego llegó la Roxy y la “inteligencia” militar. Inicia un nuevo ciclo putrefacto; con capacidad renovada para saquear el Estado. La fuente primaria de acumulación –como en tiempos de la 2: las aduanas. Al mismo ritmo de la corruptela y decadencia en el Ejecutivo, llega mediocridad, gatilleros y delincuentes al Congreso de la República. Se integra por personajes sin capacidades legislativas, ni políticas. Llegamos a los de ahora. No mucho bueno. Degradación moral e incapacidad política están en el top ten. Hasta la diplomacia les llama idiotas. Nadie los respeta. Provocan risa y repulsión. De sus correrías: el pacto de corruptos, investigar a Thelma Aldana. Apropiarse del antejuicio. Recusan a jueces sin rubor. Sarcásticamente reivindican  derechos humanos. Vergonzosos.

La ventaja del bochorno, en ejecutivo y congreso –en minúscula– es que llegó al fondo de la desvergüenza. La oscuridad, anuncia la aurora. Movilización social y recambio electoral. La receta. No es fácil, pero es posible. Por fin nos desharemos de esta desvergüenza. Algunos son jóvenes, pero están corroídos, pútridos. No representan futuro. Son regresivos y oscuros. Su “carrera” se acaba.

Quedarán fuera del hemiciclo.

Etiquetas: