Jueves 22 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Sinibaldi y la alquimia monetaria

“El escenario y la prosodia de las formas desprendían aquél aire opresivo y excluyente de las instituciones dedicadas a la alquimia monetaria”. Carlos Ruiz Zafón, “El Laberinto de los espíritus”.

— Edgar Balsells
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Las confesiones a la judicatura de Aneliese Herrera, la exasistente de Alejandro Sinibaldi, y de Juan Arturo Jegerlehner, abogado y concuño del prófugo y expresidenciable, retratan a cuerpo entero una parte de la “cadena de negocios” inspirada en el modelo económico impulsado en los años noventa, caracterizado por el libertinaje financiero y mercantil, con débiles regulaciones.

Aneliese se ocupaba de la custodia de las caletas de dinero líquido, parte importante de lo que los tecnócratas del Banco de Guatemala le apellidan como M1 o Masa Monetaria en su sentido estricto. El concuño se ocupaba de la sofisticada ingeniería mercantil y financiera, en las propias narices del banco central, de las Superintendencias, de bancos y de tributos, y del débil Registro Mercantil guatemalteco.

El llenado de las caletas, a través de pingües negocios mordelones era el inicio de su “formalización” a través de sociedades anónimas y de transacciones en billetes y monedas en empresas formales del país, para adquirir bienes diversos: desde elegante mobiliario y vehículos del consumo conspicuo, hasta residencias en barrios encopetados, como Las Pilas, Premier Campestre, Casa Margarita, Murakami o Gaudí.

El concuño relata los entramados mercantiles: sociedades “fuera de plaza”, conocidas internacionalmente como Offshore, por variar situadas en Panamá, cuentas bancarias diversas, con nombres como Lennenberg Investment Corporation que pasan a las elegantes plazas domésticas e internacionales de los bancos, para adquirir incluso aviones privados, situándose sin mayor vigilancia en esquemas de seguros internacionales, incluyendo la modalidad de Aircraft Insurance, nombre genérico en donde se debe investigar cuál de las tantas aseguradoras mundiales, incluyendo a la gigantesca Allianz, recibió el contrato de copropiedad de una sofisticada aeronave.

Las sociedades, locales y panameñas, surgieron como por generación espontánea, demostrando ello la extrema necesidad de que la Corte de Constitucionalidad no recorte la legislación sobre lavado de activos y de que se vuelva a la discusión sobre los Precios de Transferencia, que regula precisamente las transacciones internacionales de este mundo de Economía de Casino.

Llaman también la atención las íntimas relaciones entre el mundillo nuestro mercantil/financiero y el sector lujoso de los bienes raíces, siendo que los apellidos que por allí desfilan en las confesiones son de gentes muy conocidas que no se acogen al mínimo de regulaciones y de la ética que hoy se conoce en los Estados Unidos como “know your customer” (conozca a su cliente), alertando así que este sector de negocios debe ser objeto de mayor vigilancia, principalmente porque en ese nexo de bienes raíces-finanzas se han generado las últimas crisis financieras.

Los acontecimientos políticos son intensos, pero bien haríamos en provocar reflexión en estos temas, principalmente ahora que está en efervescencia el nombramiento de nuevo Presidente del Banco de Guatemala y Superintendente de Bancos, entidades ambas que deben contener la lavandería de dinero que se observa.

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