Lunes 12 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La mordida del perrito faldero

La justicia es política y por lo tanto los jueces también deben ser políticos algunas veces.

— Rodolfo Neutze
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En toda democracia basada en el sistema de pesos y contrapesos, el poder Judicial tiene una relación directa con el Ejecutivo y el Legislativo. Ambos poderes se proponen entre sí nombramientos para elegir fiscales generales, jueces regulares y los de última instancia (CC). La idea es que funcionarios electos democráticamente sean el filtro para la justicia, por lo tanto pretender que la política no se meta es imposible.

En estos días hemos visto que nuestro convulso país vuelve a estar envuelto en un pleito innecesario entre el presidente Morales y el comisionado Velásquez. Cabe resaltar que los actores principales son ellos, pero los que pagaremos las consecuencias seremos todos los guatemaltecos. Lo más preocupante es que todo se pudo evitar si hubiese prevalecido un sistema de pesos y contrapesos y enfoques políticos. Intento
explicarme a continuación.

Nadie en su sano juicio puede negar que la CICIG empezó a funcionar hasta que vino Velásquez. Los anteriores vinieron a pasear y cobrar un sueldo elevado (que no debiera ser secreto) a costillas de los países donantes. La CICIG, completa, de los últimos cuatro años deberá ser recordada como la que nos salvó de la dupla “Sinibaldizón”, desenmascaró a la banda del PP y nos dio cierta confianza que la corrupción se podía vencer. Quitarle ese mérito a la CICIG de Velásquez es una necedad. Pero lo malo es que se cometieron algunos errores de forma, que nos tienen en alto riesgo que el tratamiento se quede a medias. Es como tomar un antibiótico y no terminar el tratamiento completo. Nos podremos sentir mejor un tiempo, pero los bichos regresan fortalecidos e inmunes si no se termina todo el proceso. De verdad que eso sería terrible para Guatemala.

En mi opinión, en las elecciones del 2015 la eficiente labor de la CICIG para capturar a pícaros políticos hizo que la población se volcara por un NO político sin experiencia como Jimmy. Había otras opciones limpias, pero con experiencia, pero se perdieron en el ruido de que todo político era malo como los capturados. Esto le dio una oportunidad de oro a Morales, pero precisamente lo que lo hizo Presidente, su inexperiencia total, lo ha llevado a cometer errores innecesarios que han hecho que su nombre en la historia guatemalteca se sitúe a 180 grados de donde pudo terminar. El error político cometido por la CICIG de Velásquez es muy básico. En cualquier clase universitaria de liderazgo y/o negociación se enseña que hay que tener aliados en cualquier lucha. El comisionado como buen juez decidió ser implacable en sus investigaciones y se le olvidó que para poder realizar muchos de sus cambios necesitaba aliados. Como no había sido nombrado por un sistema político de pesos y contrapesos, pues puedo asumir que quiso seguir el ejemplo de la buena decisión que había tomado con la fiscal Aldana que “rectificó” su rumbo pese a sus contactos y electores grises que han salido publicados en estos días, y que se volvió su mejor aliada. Con Morales debe haber pensado que aprovecharse de la inexperiencia del hijo y tenerlo presionado por su delito podía servir para tenerlo alineado. Pero el efecto fue todo lo contrario. Jimmy Morales al llegar a la Presidencia era como un perrito faldero en búsqueda de cariño y atención. En vez de recibir las palmaditas que lo convertirían en aliado, se le esquinó y amenazó tanto que paró mordiendo la mano y se cantó en su oportunidad de oro y en el país.

Hoy empezamos a ver las consecuencias de este terrible error de ambos porque una alianza de ese nivel hubiera permitido llevar adelante la total transformación de la justicia que tanto nos hace falta. Que sirva este mal ejemplo para que podamos aprender que siempre se necesitan pesos y contrapesos en la justicia, sumada a cierta chispa política para buscar al aliado que nos ayude a alcanzar el bien común.

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